viernes, 27 de abril de 2012

Fetiche


Tal vez era el verde.
Tal vez era su mirada atónita,
expectante,
intentando sorprenderse
por los movimientos de ella,
que deambulaba desnuda
tras una frenética y apasionada noche larga.

Deseaba empañarla al acercar su nariz
sobre su piel fría,
así como empaña sus lentes
al acercarse a deleitar el aroma de un mate caliente.
Pero necesitaba irse más allá de si,
para contenerse a la idea
de volver a arrinconarla a la pared,
presionar sus glúteos,
besar su cuello,
su boca,
morderla toda,
lamer sus orificios,
y penetrarla…
Extasiarse de gemidos recíprocos;
luego de ponerla de espaldas,
besarla de arriba hacia abajo,
arañarla como gato,
tirar de su pelo,
y exprimir sus dos tetas
que apoyaban en esa fría pared
que la noche anterior los vió hacer lo mismo
y un poco más....
(Tal vez ella fue su fetiche favorito,
al menos en ese momento…)

Qué frío viernes
que ella eligió para contemplarle
refugiarse en Cortázar
mientras bebía unos cuantos vasos
de licor de chocolate,
y recuperaba las fuerzas
que el sexo le había quitado.
Vos la preferiste maleable,
necesitabas su silencio
anidado de estrellas
(porque ella siempre brillaba),
mientras todavía los dos olían a sexo.
Ella deliraba en teñir tu pelo de verde,
y combinarte con ese par de muchas botellas
de cervezas alemanas
que bebieron placenteramente
la noche anterior.

(Seguía estando húmedo alrededor,
mientras ella lo observaba…)

Lo cierto es que todos
parimos en nuestros adentros un gollum;
todos somos fetichistas,
adorando eso que tocamos
o no podemos tocar.
Así a ella le obsesionaba el verde,
la navaja,
el rojo,
la sangre,
la humedad,
la muerte…
Más tus iniciales que se tatuó en la piel.
Sus bienes preciados, los de ella,
los mismos de él
(tal vez)
más ella,
Cortázar,
su Bicho,
Justine y Sade,
más ella otra vez.

miércoles, 25 de abril de 2012

Gris

Me gustaría acompañarte mejor en esos momentos
en los que te tiñes de gris.
Se tiñe hasta tu mirada clara
volviéndose tan oscura como la mía
mientras te observo desgarrándote el cuero
en tu autoflagelación que se sirve a una noche fría.


Observo, nuevamente, las llagas que exhibes
calándote hondo en el cuerpo, 
mientras la sangre te brota
y te hechas sobre la sal reposando en el suelo
para que el dolor se sienta hasta los dientes.


Traes un aire monocromático mientras andas.
Sólo el rojo de ese fluido que te recorre
por todo el cuerpo,
continúa regándose sobre el suelo
al usar el filo de esa navaja
fría que se convierte
eso que llamamos "amor".


Y me gustaría intervenir en tu dolor.
Apretar tus heridas,
meter el dedo en tus llagas,
escarbar dentro de ellas...
Abrir más tus heridas
(hasta tus cicatrices),
hurgar en ellas;
mojarme con tu sangre...
Y así chuparía las lesiones
dérmicas,
intelectuales, 
de tu alma,
de tu corazón...


Dejame estirar
de las lonjas de tu piel
y quitarte
eso que ya no sirve.
Dejame lamer el torrente sanguíneo 
que te recorre;
beberte...
Y devolverte
en una mordida,
en esa transfusión de fluidos,
eso que vuelve a pintarte de colores.

lunes, 23 de abril de 2012

Me seduces


No, mi amor, no.
Me seduce cada palabra,
gesto,
movimiento tuyo
casi como si fueras Nosferatu tratando de succionar
cada gota de mi sangre.

En el fondo, escuchamos Björk,
(degustamos “al lis full of love”)
mientras posamos la mirada intensa en el otro,
y yo bordeaba con mi dedo
ese filo de porcelana blanca
de esta vacía taza de café.

(Porque así bordeaba tu boca
deseosa de los besos que quería robar.)

Me seduces.
Me invitas a explorarte en cada paso.
Entramos en trance,
(como en trance, fuimos zombies
buscando cerebros y un corazón en un desdichado cuerpo)
nos balbuceamos amor,
escupimos deseos.

(Tu cuerpo se movía inquieto,
intentaba decirme tanto…)

Me seduces,
hasta con el lenguaje sutil de tu cuerpo
que me invita devorarlo con la mirada atenta
a toda tu forma;
que me invita a desnudarte
en cada roce;
que me invita a tocarte
cada vez que miro tus manos…
Tus manos,
transparentes, suaves, tersas;
tus manos con dedos largos, finos…
En tus manos sos creador
de estos deseos míos…
De ese par de manos que desean excarvar,
explorar, bordear, pulir, hurgar,
extraviar, transitar cada centímetro de mí…

(Desfallezco si me tocas,
me hipnotizo a tu mirada tibia en este frío abril…)

viernes, 20 de abril de 2012

Pensando en...

Dibujar las líneas de tu boca, pintar hasta el relleno de carne roja de esos labios rosados, matizar todos sus bordes, resaltar su brillo, enfatizar lo suficiente hasta expresar sus cortes y su suavidad... Después no basta besarla, lamerla... hay que morderla y dejar salir la saliva, dejar que sangre con cada beso... ser vampiros en cada tráfico de fluido, invasores en territorios húmedos que se dejan penetrar... 

Hoy siento como si respiraras mis palabras


Hoy siento como si respiraras mis palabras.
Estabas ausente en el tiempo y el espacio
mientras despertaste soñando conmigo.
Abriste los ojos preguntando si mañana
sufriremos el mismo invierno despacio,
si nuestras bocas encontrarán el fuego
en los feroces domingos,
si lograremos desangrarnos.

Y la luna de plata te alumbraba en aquella esquina
donde aguardaban versos olvidados,
las sombras de fantasmas vengadores,
y algún villano payaso refugiado
en la negra huella de tu silueta.

Esas madrugadas que se fueron deprisa,
mientras cogíamos llamando a Cupido
apostando a si nos enamorábamos el uno del otro,
o bien nos atrincherábamos en el sexo desenfrenado,
penetrándonos hasta el alma,
humedeciéndonos el corazón.

Habías respirado mis palabras desde mi boca,
desgarrado mi carne como caníbal;
nos devoramos,
nos devoramos en palabras;
nos devoramos en miradas;
nos devoramos en gemidos;
nos devoramos con las manos;
nos devoramos el estómago;
nos devoramos el corazón;
nos devoramos las córneas;
nos devoramos las tripas;
nos devoramos el sexo…

¿Despertamos en la mañana
o dejamos que la noche dure una eternidad?
O le pedimos a Burns robarnos el sol
sobre esta impía y lúgubre ciudad
así nos encadenamos a la cama,
nos confundimos la piel,
las escamas,
el sudor,
la saliva,
el calor,
las encías,
las pestañas,
la música de nuestro goce…

Hagamos el amor mientras cantas la marcha peronista


Hagamos el amor mientras cantas la marcha peronista.

Cantame como Hugo del Carril
mientras nos despojamos de la ropa,
que el sudor de la jotapé se ponía interesante
ante el agolpado calor de tiempos difíciles.
Manoseame mientras me ahogas con esos besos
que me erizan, y que tu lengua llegue a mi garganta.

Arrojame al suelo, que la cama nos queda chica.

Dejame debajo de tu cuerpo estrecho y manoséame.
Humedece mi cuerpo con tu saliva,
y que tu boca recorra todos mis rincones;
tus manos suaves, finas, puras
aprienten mis tetas como una pelota de goma.

Llevame hasta las últimas consecuencias.

Apretame de modo que tu sexo,
presione mi sexo y te sienta elevado,
engrosado y listo para ser una espada que atraviese
como un Excalibur, influido “por el poder de Greyskull”
Juega a ser Hades e invítame a morir en tu oscuridad,
atravesame con tus dedos, y con tu sexo, decime:
“la tenes adentro”.

Dejame ser incorrecta y someterte, montándome sobre vos.

Dejame que mi pelo largo y alborotado toque tu piel blanca,
se enriede en tus brazos delgados pero fuertes,
mientras en el sube y baja del amor carnal,
volvemos a hacernos uno.
Quiero alborotar aun más tu pelo verde,
mecerme sobre tu cuerpo estrecho,
asfixiarte apretando tu cuello,
que se agolpe la sangre, que se comprima la carne,
que suden los poros,
que el calor nos queme…

Incendiémonos mi amor, que la noche es larga.

Esta habitación parece Hiroshima,
todo se integra y desintegra en nuestras formas.
Todo da vueltas y vueltas mientras rodamos,
y nos enredamos en tus largas cadenas
brillando y marcando la piel,
escapando a oxidarse
entre el goce orgásmico y los gemidos extasiados.

Sublime danza noctura, entre canciones de Portishead.

Eran tus ojos claros que brillaban,
iluminaban este oscuro cuarto;
iluminaban mi cuerpo oscuro.
Era tu piel traslúcida contrastando en todos
los cóncavos y convexos.
Todo olía a sexo, todo humedecía los dedos,
las partes, los huesos,
todo era fricción, pasión, acción.

Todo era vos, yo, la noche, nosotros.

Como zombies amanecimos enredados…
Desarmados, continuamos asÍ:
Dormir, mi.
Arrinconarme al lado, tu.
Abrazar fuerte, te.
Envolver en tu cintura, me.
Soña entre nubes, remos.