miércoles, 25 de abril de 2012

Gris

Me gustaría acompañarte mejor en esos momentos
en los que te tiñes de gris.
Se tiñe hasta tu mirada clara
volviéndose tan oscura como la mía
mientras te observo desgarrándote el cuero
en tu autoflagelación que se sirve a una noche fría.


Observo, nuevamente, las llagas que exhibes
calándote hondo en el cuerpo, 
mientras la sangre te brota
y te hechas sobre la sal reposando en el suelo
para que el dolor se sienta hasta los dientes.


Traes un aire monocromático mientras andas.
Sólo el rojo de ese fluido que te recorre
por todo el cuerpo,
continúa regándose sobre el suelo
al usar el filo de esa navaja
fría que se convierte
eso que llamamos "amor".


Y me gustaría intervenir en tu dolor.
Apretar tus heridas,
meter el dedo en tus llagas,
escarbar dentro de ellas...
Abrir más tus heridas
(hasta tus cicatrices),
hurgar en ellas;
mojarme con tu sangre...
Y así chuparía las lesiones
dérmicas,
intelectuales, 
de tu alma,
de tu corazón...


Dejame estirar
de las lonjas de tu piel
y quitarte
eso que ya no sirve.
Dejame lamer el torrente sanguíneo 
que te recorre;
beberte...
Y devolverte
en una mordida,
en esa transfusión de fluidos,
eso que vuelve a pintarte de colores.

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