Era la salvaje complicidad
de cada mirada jugando en parpadeos
cada vez más lentos...
Nada quería perderme del centro de tu iris
y ese musgo de tu pupila,
nada de tu sonrisa,
nada.
Quería reflejarme una vez más,
tras esos cristales;
y sobre ese espejo mío
(ese espejo mío que sos vos,
mágicamente vos),
en el que observo
tanto mis superficies
como mis adentros:
los órganos,
las visceras,
la carne,
los nervios,
las venas,
la sangre,
que hurgo, toqueteo
en esas dimensiones que no
conocí de mí,
así como me introduzco
de vez en cuando en vos
y me encuentro
nuevamente conmigo.
sábado, 26 de mayo de 2012
martes, 22 de mayo de 2012
RaeYoo se había enamorado
RaeYoo se
había enamorado.
Enamorarse... en-amor-arse (rima con matarse -mat-arse-).
Ella estaba resignada a creer en el amor, hasta que este hizo de las suyas y
decidió, una vez más, robarle el corazón y hacerlo pedazos. Se había enamorado,
había amado a aquel muchacho al que frecuentaba sin darse cuenta. Ingenua.
Aun sabiendo que posiblemente no sería correspondida, siguió amando y a medida
que amaba, seguía sangrando su corazón hemorragias incurables... él no la
amaba, y en el fondo, bien ella sabía que su amor era sólo propio, porque amor
es cosa que se hace de a dos. Él tal vez no entendía tanto de esto...
Sin vinculo-amor entre ellos se entregaban los cuerpos, las almas, los fluidos
como si fueran el todo para el uno. Terminaban siendo noches interminables
donde ellos eran uno, donde se necesitaban. Eran uno. El problema de RaeYoo era
sentir que eso podría lograr que su amor le correspondiera... pero era algo tan
difícil como ver pasar a un dragón rojo por el cielo atormentado que estaban
sufriendo.
¿La quería? Seguramente sí. ¿La amaba? Ese amor pertenecía a otro templo (ese
cuerpo de mujer que él se había entregado y amado constantemente). RaeYoo
arrasaba sobre él pero no lograba penetrar los cimientos de ese templo y
arrastrarlo lejos del amor del muchacho. Una vez más, no le quedaba otra cosa a
esta niña que resignarse a conquistar a quien no quiso amar. Tomó un cuchillo,
se lo clavó a la izquierda de su pecho que estallaba... Con la sangre cayendo
por su cuerpo, siguió abriendo su pecho, cortó algunas venas, algunas
arterias... abrió su pecho como flor y arrancó su corazón... A duras penas,
cosió todo para ya no sangrar... el motor de vida no le hacía falta. Se retiró
del mundo y llevó a enterrar en tierra sagrada su corazón enamorado, a la
espera -ingenua, como siempre- de que él algún día vuelva a reclamarlo.
En Seoul, estaba observando al
muchacho alejarse y secarse como hoja en otoño.
Blanco y negro
Blanco y negro
- gris -,
toda la gama de valores
en los que contemplaba
tu estrecha silueta,
en la que luz
y oscuridad,
se condensaban
y me mostraban
en tu rostro
fino,
suave,
tu sonrisa
ante mi caricia;
tu estímulo favorito.
- gris -,
toda la gama de valores
en los que contemplaba
tu estrecha silueta,
en la que luz
y oscuridad,
se condensaban
y me mostraban
en tu rostro
fino,
suave,
tu sonrisa
ante mi caricia;
tu estímulo favorito.
viernes, 18 de mayo de 2012
Amos
Estabas relajado a lo lejos,
con la postura digna de un amo;
yo no dudé:
me transportaba lentamente
hacia tus espaldas,
sin que pudieras advertirlo
y así, como siempre,
revolver tu alborotado pelo verde.
¡Ay, si fuera Afrodita
conduciéndote al Edén de mi cuerpo,
ya te hubiera arrastrado cruelmente
del cabello
hasta esta morada fría donde reposo!
Fría, al menos ahora que no estuvimos ahí.
-Al menos que no estuve ahí,
calentando en cada paso que doy
los lugares donde transito-.
Estabas esperando de mi
el trato de una sierva a su rey;
sí, comenzaste a mandarme
para que masajeara tu cansada espalda
que había cargado mil lunas,
ciento de princesas,
algunas cuantas promesas,
tu amor por mi esclavitud
y tu todapoderosa forma de ser,
que se apoderaba de todas las dimensiones
de mi,
mi... lo que soy.
Mis manos no se cansaban de acariciar
tus hombros, tu cuello,
que cartografiaban cada músculo
que se liberaba de tanta presión cotidiana.
Y el goce,
el goce en tu sonrisa,
el placer desparramado en tu mirada
y en tu boca que balbuceaba
mi nombre,
mis ojos que te observan,
mi cuerpo próximo.
Mi rey,
mi amo,
mi gobierno
se volvió así
lentamente,
dulcemente,
deliciosamente
en mi esclavo.
Ya sometidos a la lujuria,
-o tal vez ella nos sometió-,
jugamos pegando nuestros cuerpos
con la humedad de sus fluidos
y el sudor.
Juga-mos,
bes-amos.
Ama-mos.
Arras-tramos
nuestros mundos paralelos
y enlazamos nuestros deseos.
Unimos,
penetramos.
Fuimos nuestros propios amos.
con la postura digna de un amo;
yo no dudé:
me transportaba lentamente
hacia tus espaldas,
sin que pudieras advertirlo
y así, como siempre,
revolver tu alborotado pelo verde.
¡Ay, si fuera Afrodita
conduciéndote al Edén de mi cuerpo,
ya te hubiera arrastrado cruelmente
del cabello
hasta esta morada fría donde reposo!
Fría, al menos ahora que no estuvimos ahí.
-Al menos que no estuve ahí,
calentando en cada paso que doy
los lugares donde transito-.
Estabas esperando de mi
el trato de una sierva a su rey;
sí, comenzaste a mandarme
para que masajeara tu cansada espalda
que había cargado mil lunas,
ciento de princesas,
algunas cuantas promesas,
tu amor por mi esclavitud
y tu todapoderosa forma de ser,
que se apoderaba de todas las dimensiones
de mi,
mi... lo que soy.
Mis manos no se cansaban de acariciar
tus hombros, tu cuello,
que cartografiaban cada músculo
que se liberaba de tanta presión cotidiana.
Y el goce,
el goce en tu sonrisa,
el placer desparramado en tu mirada
y en tu boca que balbuceaba
mi nombre,
mis ojos que te observan,
mi cuerpo próximo.
Mi rey,
mi amo,
mi gobierno
se volvió así
lentamente,
dulcemente,
deliciosamente
en mi esclavo.
Ya sometidos a la lujuria,
-o tal vez ella nos sometió-,
jugamos pegando nuestros cuerpos
con la humedad de sus fluidos
y el sudor.
Juga-mos,
bes-amos.
Ama-mos.
Arras-tramos
nuestros mundos paralelos
y enlazamos nuestros deseos.
Unimos,
penetramos.
Fuimos nuestros propios amos.
sábado, 12 de mayo de 2012
Te conoci
Las
rupturas epistemológicas que hice sobre todas mis creencias comenzaron el día
que nos conocimos y me preguntaste por ellas. Estabas ahí de casualidad, en
aquella librería de la esquina, donde acuden todos estos intelectualoides,
snobs y literatos a tomar café y a leer devocionalmente algún libro de autores
renombrados, sólo para fingir que ellos conocen de “Cien años de soledad”, que
jugaron a la “Rayuela”, que se sorprendieron con “El Libro de los seres
imaginarios”, que se excitan con “Otros poemas”.
Estabas ahí
espiando los estantes y renegando por ver plagada la tienda con tanto libro de
autoayuda. Los espíritus parecen no saber hallarse entre los cambios
vertiginosos de la sociedad y buscan soluciones rápidas a sus problemas, y
caminos para ser felices. Pero, en definitiva, ¿qué es la felicidad? ¿Existe en
realidad? ¿O es un concepto típico-ideal de una sociedad capitalista que
necesita algún motivo para seguir existiendo? Seguramente, así como ese ser que
todos adoran y llaman Dios, la felicidad es un algo superior que existe pero
nadie sabe muy bien cómo alcanzarlo. Seguramente, es un invento más del mercado
capitalista para devorarnos unos a otros y lograr así, los tan ansiados
objetivos.
Me miraste,
te miré, nos miramos. Rápidamente me reí (porque confieso que son esos momentos
incómodos o importantes los que suelo arruinar con mi risa) y me disculpé por
la situación pese a que no había nada realmente qué disculpar. Yo sentía que
sí, que me correspondía disculparme, me reí en su cara (sí, me reí en su cara,
me quería matar…). Pero eras políticamente correcto al decirme “no hay problema”,
y luego mirar los libros que andaba husmeando para encontrar algún motivo para
acercarte. Me miraste y me miraste mientras me preguntabas que autor u obra
buscaba ahí, entre los hombres y mujeres de poesía. “Buscaba al buen Walt
Whitman, en su lengua original”, te dije. Pocas personas me intimidaron tanto
con su mirada como vos, esa mirada teñida de pasto, de cielo, de tierra. Te sorprendía
que buscara un poemario en lengua original habiendo tantas traducciones, pero
insistía en decirte: “ahí no puedo encontrar el corazón del autor, ni la mano
que imprime esas letras, que articulan esas palabras, que enlazan esos versos,
que se pegan a estrofas, que besan mis ojos, que son melodía a mis oídos”. Sonreíste.
No había nada más hermoso que tu sonrisa. Si en ese momento fui feliz quiere
decir que conocí, al menos por un rato, la felicidad (o al menos algo similar a
ella, eso que te obligan a creer que es una aspiración por la que estamos
condenados a trabajar y sufrir para que al final de nuestros días, como una
falsa conciencia, pensemos que la hemos alcanzado; también así alcanzamos a ese
dios, al final de los días, cuando no somos más que carne podrida, gusanos y fluidos
bajo tierra).
Te conocí
esa tarde de mayo que nos invitaba a la noche. Hasta ese momento, no había
encontrado a Whitman:
“Behold this swarthy face, these
gray eyes,
this beard, the white wool
unclipt upon my neck.
My brown hands and the silent
manner of me without charm;
Yet comes one a Manhattanese and
ever at parting kisses me lightly on the lips
with robust love,
and I on the crossing of the
street or on the ship's deck give a kiss in return.”
Era este rostro moreno el que
gesticulaba encanto con cada palabra tuya. Creo que ese encanto, similar a un
enamoramiento taciturno en este otoño, me hacía sentir más boba que de
costumbre. Habías provocado una ruptura en mí con todo aquello que creía… La
moral se fue a pasear por Marte. Me habías revelado cada una de mis
perversiones tras palabra que enunciaba, casi como desnudándome en el lenguaje
(sí, tengo mis perversiones, nadie es santo de devoción, ni siquiera ese
muchacho que se llama Jesús y es carpintero). Habías descubierto el método para
abordarme en todas las dimensiones de mí, conmigo, sin mí, para mí y por mí.
Más adentrada la noche, nos
reímos de la Moral en la cama. Si mi cama contara que ya te había soñado antes
de conocerte… Que ya había teñido tu piel blanca de mi piel morena, que ya te
había bebido despacio, que te había sangrado, que te había lamido, que te había
besado, que te había rasgado; y que vos, como esta noche, me quiebras, me
desbordas, me armas, me inventas y me desarmas. Y recuerdo al buen Walt
diciendo:
“Sex contains all, bodies, souls,
meanings, proofs, purities,
delicacies, results, promulgations,
songs, commands, health, pride,
the maternal mystery, the seminal milk,
all hopes, benefactions,
bestowals, all the passions, loves, beauties, delights of the earth,
all the governments, judges,
gods, follow'd persons of the earth,
these are contain'd in sex as
parts of itself and justifications of itself.”
martes, 8 de mayo de 2012
Esa noche
Una noche nos encontramos a tomar unas cervezas, como lo
hacíamos todas las semanas. Fuimos al lugar de siempre, llenos de conchetos y
conchetas que desfilaban en pasarela para encontrarse con sus amigos y amigas
ahí. No trataba de ser snob (sí, "snob" o "esnob", era más
fácil decir "careta"), sino que me gustaba pasar tiempo con vos,
aunque como mina, no me hubieras dado ni cinco minutos de tu tiempo.
Como amigos nos entendíamos re bien, siempre. Siempre fui
con él buena amiga, y siempre, supe separar la amistad de mi calentura, porque
era cierto que el Flaco estaba muy bueno. Me podía hasta embobarme con sus
pelotudeces... Ay, Flaco... te doy (menos mal que eso es algo que siempre
susurro entre mis dientes...)
No creo que lo hayas percibido alguna vez porque siempre te
silban pajaritos en la cabeza, estás en otra, y aunque me mires así... bueno,
yo sabía que me mirabas con la ternura con la que siempre me miraste y me
dirás: "amiga, pasa tal cosa..." y pufff, se desvanecieron todas mis
nubes de pedos rosa que se elevaba alrededor mío... "¡Mierda, qué
boluda!", pensaré mientras acaricias mi mano con cariño.
Y bueno, hablamos. Hablamos como siempre, hablamos de todo y
el tiempo se hace corto como siempre... Maldito tiempo, deberías tener más de
24 horas. La noche se adentraba más, es tiempo de partir. "¡Ay, flaco!
Cómo me cuesta dejarte cada vez que te veo... pero tengo que partir, porque de seguro,
mañana tendrás compromisos como siempre". Pero la noche, esa noche, fue
muy extraña. Por primera vez me pediste que me quedara, que hiciéramos alguna
otra cosa, que saliéramos a pasear, por ahí, sin rumbo. No necesité pensar
mucho... dije "sí". Esa noche... ¿qué te habrá pasado? Creo que ya
habíamos bebido unas cinco o seis cervezas entre los dos y no hacíamos más que
chocarnos y hablar boludeces... el aliento etílico era notable, sí...
llevábamos ese elixir de malta o cebada disperso por todo el cuerpo.
No faltó mucho para que me abrazaras... ¡Vaya! Si supieras
que entre tus brazos siempre desfallezco... No me soltabas y yo quería morir
entre tus brazos, oliendo tu cuello, apretando tu cuerpo; no me quería perder
nada de vos, en medio de un bello silencio que mediaba entre los dos. Tan sólo
sentíamos el corazón apretado al otro y el latir de los dos.
¡Ay, flaco! Cómo deseaba el aliento etílico de tu boca...
cómo deseaba tus manos cartografiando cada región de mi cuerpo, husmeando en
cada lunar que tengo, hurgando en cada imperfección en mis valles y
fronteras... Vos lo sabías, sí... nos inundaba el deseo de la entrega. Qué
noche, esa noche.
viernes, 4 de mayo de 2012
Ellos en la profundidad
Él y su cuerpo, tan profundo.
Él y su boca, tan profundo.
Él y sus manos, tan profundo.
Ella, tan profunda.
Ella y la profundidad.
Él y Ella en la profundidad.
Ellos en la profundidad.
(¿Quién más que ellos este frío otoño?)
Nosotros en la profundidad,
dos locos,
la noche larga,
metamorfoseamos,
transferimos,
jugamos,
intercambiamos,
invadimos,
abrazamos,
ligamos,
manoseamos,
salivamos,
luchamos,
estiramos,
chupamos,
volteamos,
cogemos,
(nos cogimos)
acariciamos,
miramos,
(nos miramos)
dormimos,
soñamos,
(nos).
Nos y la profundidad,
y lo que ella señalaba...
Lo profundo ya... Indecible.
"La profundidad, cuanto más profunda, más indecible" - Alejandra Pizarnik.
Nos
Yo sabía que nos habían descubierto, lo sabía, sí... Klimt, ese muchacho curioso, pintó nuestro beso y nos delató ante el mundo (obvio, ganó mucho dinero al ser su pintura evidencia para el juicio que habían desatado en nuestra contra). Nosotros dos, desangelados, caídos, descubiertos en un gesto que desnuda nuestro todo, todo dentro... todo, al final, era nos.
Al muchacho que verde deambula mis palabras y las hace carne...
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