Seguir sus palabras
es como entrar en un laberinto
vuelto atrapasueños
con un fondo al agua de mandalas;
decorrerlas es
encontrarme al fauno cuernudo
y poderoso
que viene a punzarme
el alma;
punzarme
y descenderme
más allá del infierno.
martes, 25 de diciembre de 2012
A veces...
A veces un abrazo,
un beso,
dientes brillantes chocando,
labios danzando
e intercambio húmedo.
A veces una caricia,
más veces,
la piel,
la casa,
la esquina
y el banco de la plaza;
a veces.
un beso,
dientes brillantes chocando,
labios danzando
e intercambio húmedo.
A veces una caricia,
más veces,
la piel,
la casa,
la esquina
y el banco de la plaza;
a veces.
viernes, 14 de diciembre de 2012
¿Qué hicimos?
Era el camino de vuelta a casa,
la tarde calurosa,
el estar en el bondi
contemplando, como siempre,
el paisaje cotidiano de la vieja ciudad.
Y la sorpresa,
vos,
mi amor,
entre los brazos de ella,
besando la boca de ella.
¿Qué hicimos?
¿Y qué hicimos
para que no sea yo
quien te envuelve en mis brazos;
qué hicimos,
mi amor,
para que no sea mi boca
la que te bese,
la que beses?
Y vuelvo a casa,
sigo adelante;
hay que seguir...
la tarde calurosa,
el estar en el bondi
contemplando, como siempre,
el paisaje cotidiano de la vieja ciudad.
Y la sorpresa,
vos,
mi amor,
entre los brazos de ella,
besando la boca de ella.
¿Qué hicimos?
¿Y qué hicimos
para que no sea yo
quien te envuelve en mis brazos;
qué hicimos,
mi amor,
para que no sea mi boca
la que te bese,
la que beses?
Y vuelvo a casa,
sigo adelante;
hay que seguir...
lunes, 26 de noviembre de 2012
Dos poemas para Amado
I
Era la noche que susurraba
tus pasos hacia mi cama;
tenebrosos pasos,
¿eras el Slenderman?
No... familiares pasos,
entra la calma,
entre la noche susurraba mi nombre
tu voz;
bajo me decías
si podías descansar conmigo...
II
Ay, amor...
Hay tanta acción corriendo por las venas,
tanta conexión
que cuando nos pensamos,
somos uno y todo más que todo;
somos mundo,
pero siempre mucho más que eso.
Ay, amor... ya no sé qué decirte
porque a veces las palabras sobran
y yo quiero más bien reír con vos,
y mucho más que reír,
si es apretando tus labios entre los míos.
Era la noche que susurraba
tus pasos hacia mi cama;
tenebrosos pasos,
¿eras el Slenderman?
No... familiares pasos,
entra la calma,
entre la noche susurraba mi nombre
tu voz;
bajo me decías
si podías descansar conmigo...
II
Ay, amor...
Hay tanta acción corriendo por las venas,
tanta conexión
que cuando nos pensamos,
somos uno y todo más que todo;
somos mundo,
pero siempre mucho más que eso.
Ay, amor... ya no sé qué decirte
porque a veces las palabras sobran
y yo quiero más bien reír con vos,
y mucho más que reír,
si es apretando tus labios entre los míos.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Cinco sentidos
Mis momentos de silencio son así...
Son esos breves instantes en los que logro capturarte con una mirada, como si yo fuera una cámara de fotos, y armo tus movimientos en cada secuencia fotográfica en las que uno toma por toma, para que te volvieras dinámico en mi recuerdo. Y añado el micrófono al escucharte atenta, así recuerdo tu voz.
No se trata de tenerte en un recuadro, atrapado entre marcos y vidrio; más bien intento que puedas latir en todos lados de mi memoria, incluso en esos momentos en los que puedo unirme al rodaje al tomarnos de la mano... ahí te recuerdo sensible, porque no sos mera proyección de mis recuerdos; te capturo en mis cinco sentidos.
Son esos breves instantes en los que logro capturarte con una mirada, como si yo fuera una cámara de fotos, y armo tus movimientos en cada secuencia fotográfica en las que uno toma por toma, para que te volvieras dinámico en mi recuerdo. Y añado el micrófono al escucharte atenta, así recuerdo tu voz.
No se trata de tenerte en un recuadro, atrapado entre marcos y vidrio; más bien intento que puedas latir en todos lados de mi memoria, incluso en esos momentos en los que puedo unirme al rodaje al tomarnos de la mano... ahí te recuerdo sensible, porque no sos mera proyección de mis recuerdos; te capturo en mis cinco sentidos.
lunes, 29 de octubre de 2012
Cigarrillos
Él de vez en cuando encendía un cigarrillo, de esos de etiqueta blanca y roja. Creo que nunca hubiera sabido de su gusto por el tabaco encendido si no fuera que justo ese día que lo vi, temblaba de nervios por vaya uno a saber qué cosa. Y particularmente fumaba cuando más temor sentía por esas cosas que él supone que yo no conozco, de las cuales él se cansó de revelarme en el día a día, cuando nos tocaba las confesiones trasnochadas, con una palabra en apariencia inocente o con sus silencios tan poco maduros e injustos, pero muy de él. Aun así, creo que sabe que lo amo. Y es que lo amo putamente. Por eso vacila... y hay silencio. Y también hay distancia. Tal vez por eso ya lleva fumado medio paquete de diez cigarrillos de la marca M.
sábado, 27 de octubre de 2012
Ya no escuchas más
Ya no escuchas más
mis palabras oscuras al oído
porque te quedaste sordo;
ni disfrutas de mis palabras
en la poesía que te regalé cada noche
porque te quedaste ciego;
ni sientes más mis abrazos
porque te volviste más verde,
transparente,
invisible
y distante de mi.
Mago musgo...
Cómo te extraño
arrinconado en mis brazos
y nuestras charlas
en diálogo esquizofrénico,
en música suave
envueltos en luz tenue
esas noches que fuimos poesía
y me escuchabas,
me mirabas
y me sentías
hasta el sexto sentido.
mis palabras oscuras al oído
porque te quedaste sordo;
ni disfrutas de mis palabras
en la poesía que te regalé cada noche
porque te quedaste ciego;
ni sientes más mis abrazos
porque te volviste más verde,
transparente,
invisible
y distante de mi.
Mago musgo...
Cómo te extraño
arrinconado en mis brazos
y nuestras charlas
en diálogo esquizofrénico,
en música suave
envueltos en luz tenue
esas noches que fuimos poesía
y me escuchabas,
me mirabas
y me sentías
hasta el sexto sentido.
jueves, 25 de octubre de 2012
Mago musgo
Amaba eso perfecto que eras... eso que ya no sos ni volverás a ser. Seguir enamorada de lo que no sos es como seguir manteniendo la esperanza de que vuelvas a ser lo que fuiste alguna vez. Y así... que difícil arrancarte de mi, mago musgo...
Éramos tan perfectos, los dos sin dos, ya imperfectos.
Éramos tan perfectos, los dos sin dos, ya imperfectos.
Elliot
Soy ese único ser que te piensa en el interior de tus múltiples dimensiones y sobre la superficie de todas tus regiones. Y me pasan mil cosas. Me atraviesan la carne mil sensaciones...
Cómo odio verte feliz... y no en mis brazos. Dicen que él me quiere por esos lares... dicen... Él no me llamó aun (no me llamaste). Y te pienso, te pienso todo.
Toda palabra está cargada de vos. Todo es vos en los rincones... todo es verde y es rojo por donde miro, se tiñe de vos. Todo habla de vos, mis canciones, mi teléfono que suena cada vez que lo miro, el ruido de la calle, el motor del auto que paró en la esquina de mi casa; y te encuentro en el aroma del rosal pálido que perfuma mi paso cuando camino todos los días por la vereda de ese vecino que no conozco... Y todo sos vos, fuera, dentro y más adentro, en las entrañas, en lo que ya no se ve, en la sangre... eso que atraviesa, alegra, duele, se encarna, parasita simbiótico, vomita, come, fertiliza...
Entonces, me senté a escribir sobre vos, como siempre. Escribí:
"Mañana será otro día", decía ella en esa mezcolanza de esperanza y resignación. Ella que con mirada triste miraba el techo recostada en su cama pensando en él y preguntándose si tal vez él la recuerda de vez en cuando... él que se volvió parte de ella misma, una parte que se va apagando y que sobrevive en algún rincón de su ser; y sobrevive siempre que esa llama débil se inflama más con el alcohol que consume cada noche brindando por él y pidiéndole a las sombras que su alma no pudo iluminar para que borren su recuerdo. Ella se fue a perder con Elliot en algún bar, en el medioambiente etílico en el que se inundaba su corazón.
Cómo odio verte feliz... y no en mis brazos. Dicen que él me quiere por esos lares... dicen... Él no me llamó aun (no me llamaste). Y te pienso, te pienso todo.
Toda palabra está cargada de vos. Todo es vos en los rincones... todo es verde y es rojo por donde miro, se tiñe de vos. Todo habla de vos, mis canciones, mi teléfono que suena cada vez que lo miro, el ruido de la calle, el motor del auto que paró en la esquina de mi casa; y te encuentro en el aroma del rosal pálido que perfuma mi paso cuando camino todos los días por la vereda de ese vecino que no conozco... Y todo sos vos, fuera, dentro y más adentro, en las entrañas, en lo que ya no se ve, en la sangre... eso que atraviesa, alegra, duele, se encarna, parasita simbiótico, vomita, come, fertiliza...
Entonces, me senté a escribir sobre vos, como siempre. Escribí:
"Mañana será otro día", decía ella en esa mezcolanza de esperanza y resignación. Ella que con mirada triste miraba el techo recostada en su cama pensando en él y preguntándose si tal vez él la recuerda de vez en cuando... él que se volvió parte de ella misma, una parte que se va apagando y que sobrevive en algún rincón de su ser; y sobrevive siempre que esa llama débil se inflama más con el alcohol que consume cada noche brindando por él y pidiéndole a las sombras que su alma no pudo iluminar para que borren su recuerdo. Ella se fue a perder con Elliot en algún bar, en el medioambiente etílico en el que se inundaba su corazón.
Una escena corta
Una escena corta, al pasar,
y aparece al fin ella;
no es más que una actriz de reparto
que no pudo decirle el Director que no
pero que tampoco fue consagrada por un sí.
Apareció al último,
como siempre,
porque tuvo suerte,
una suerte efímera
y mediocre,
como la suerte misma...
(La última y menos deseada elección del casting...)
y aparece al fin ella;
no es más que una actriz de reparto
que no pudo decirle el Director que no
pero que tampoco fue consagrada por un sí.
Apareció al último,
como siempre,
porque tuvo suerte,
una suerte efímera
y mediocre,
como la suerte misma...
miércoles, 10 de octubre de 2012
Insecto
I
Era la estrechez frágil de su cuerpo flaco y de brazos fuertes lo que tanto me gustaba de ese diminuto insecto picudo. Era la grandeza de sus ojos rasgados, o más bien, su verde brillo el que me iluminaba y retenía con cada mirada interminable que me proponía siempre que nos sentábamos de frente y siempre que frente a los demás dejamos parén-tesis (paréntesis) entendiendo qué palabra diría el otro
y qué palabra no dejamos pronunciar (los insectos susurran al oído... hay que saber escuchar de vez en cuando). Vos, insecto frágil, te entregabas a mi aun sabiendo que de todas esas veces que viniste a mí pude aplastarte y aniquilarte entre mis manos; pero mi humanidad convenientemente alienígena no podía hacer más que acariciarte, admirarte un buen rato y dejarte ir de nuevo. Entonces, despliegas tus alas y te vas. Siempre te vas.Algún día regresas.
Tal vez ya no seas un insecto picudo.
Tal vez seas mariposa.
Un perro.
Sos un insecto con alma de perro.
Y siempre que te vas, regresas.
Y así sucesivamente.
II
Y nos habíamos escrito un par de veces con él... Parecían que las palabras se acomodaban y complementaban bastante bien, porque se generaban verdaderas unidades de significado. Manejamos el lenguaje a nuestro antojo, un lenguaje que en apariencia no buscaba nada de amor. Si bien encontramos a la pasión como cómplice y aliada fiel, el amor no se hacía esperar, pero se acordaba tras bambalinas de este teatro de máscaras en el que nos han sumergido.
Él usó su máscara de insecto y le crecieron alas. Qué rápido obtiene aquello que le hace escapar lejos de mí...
III
Había esmaltado con verde mis uñas y no hacía más que pensar en tus ojos...
Mientras así te pienso, me ahoga la nostalgia de recordarme reflejada toda vez en ellos.
¿Cuándo volverás para volverte a ir?
No sos más que un insecto con alma de perro.
Un perro verde con alas.
Era la estrechez frágil de su cuerpo flaco y de brazos fuertes lo que tanto me gustaba de ese diminuto insecto picudo. Era la grandeza de sus ojos rasgados, o más bien, su verde brillo el que me iluminaba y retenía con cada mirada interminable que me proponía siempre que nos sentábamos de frente y siempre que frente a los demás dejamos parén-tesis (paréntesis) entendiendo qué palabra diría el otro
y qué palabra no dejamos pronunciar (los insectos susurran al oído... hay que saber escuchar de vez en cuando). Vos, insecto frágil, te entregabas a mi aun sabiendo que de todas esas veces que viniste a mí pude aplastarte y aniquilarte entre mis manos; pero mi humanidad convenientemente alienígena no podía hacer más que acariciarte, admirarte un buen rato y dejarte ir de nuevo. Entonces, despliegas tus alas y te vas. Siempre te vas.Algún día regresas.
Tal vez ya no seas un insecto picudo.
Tal vez seas mariposa.
Un perro.
Sos un insecto con alma de perro.
Y siempre que te vas, regresas.
Y así sucesivamente.
II
Y nos habíamos escrito un par de veces con él... Parecían que las palabras se acomodaban y complementaban bastante bien, porque se generaban verdaderas unidades de significado. Manejamos el lenguaje a nuestro antojo, un lenguaje que en apariencia no buscaba nada de amor. Si bien encontramos a la pasión como cómplice y aliada fiel, el amor no se hacía esperar, pero se acordaba tras bambalinas de este teatro de máscaras en el que nos han sumergido.
Él usó su máscara de insecto y le crecieron alas. Qué rápido obtiene aquello que le hace escapar lejos de mí...
III
Había esmaltado con verde mis uñas y no hacía más que pensar en tus ojos...
Mientras así te pienso, me ahoga la nostalgia de recordarme reflejada toda vez en ellos.
¿Cuándo volverás para volverte a ir?
No sos más que un insecto con alma de perro.
Un perro verde con alas.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Blues de ayer
Me dijiste hasta ayer
que era todo para ti
y no podía creer
¿quién es esa mujer?
Me mentiste sin razón,
me ocultaste el corazón,
depredaste bajo mi piel
carroñaste todo mi ser.
¿Y quién mierda te crees?
Y te amo aun sin saber
¿quién mierda te crees?
Para matar bajo mi piel.
Hasta ayer fuiste mi vida,
mi dulce pesadilla.
Y seguís siendo todo y más
aun esta soledad
que punza todo adentro
mientras veo que te vas.
Soberbio, prepontente,
muy vos, te vas...
que era todo para ti
y no podía creer
¿quién es esa mujer?
Me mentiste sin razón,
me ocultaste el corazón,
depredaste bajo mi piel
carroñaste todo mi ser.
¿Y quién mierda te crees?
Y te amo aun sin saber
¿quién mierda te crees?
Para matar bajo mi piel.
Hasta ayer fuiste mi vida,
mi dulce pesadilla.
Y seguís siendo todo y más
aun esta soledad
que punza todo adentro
mientras veo que te vas.
Soberbio, prepontente,
muy vos, te vas...
Veneno
Después de mucho tiempo,
en una noche febril
había traído de nuevo tus besos
el mal sueño.
Tortura la mía
que en ese intercambio de lenguas
me había envenenado para siempre
y estaba muriendo.
en una noche febril
había traído de nuevo tus besos
el mal sueño.
Tortura la mía
que en ese intercambio de lenguas
me había envenenado para siempre
y estaba muriendo.
viernes, 31 de agosto de 2012
Juan, el enterrador
Habían cambiado al Director del cementerio del pueblo. Y bien, mi vida estaba en este cementerio, con Don Díaz, que se jubiló, o lo jubilaron, vaya a saber uno... Y el día que llega este nuevo Director, me manda a llamar Juana, la secretaria. Por suerte, no la quisieron cambiar a la Negra; ella sabía muy bien como funcionaban las cosas en este cementerio y quienes éramos los
que trabajábamos acá desde hace años. Aparte, la Negra es muy linda, siempre llega con su pelo bien atado y su ropa ajustada, pero sobria. Eso sí, que nadie se le haga el vivo porque ella era brava; mejor ni pienso lo que será ella con ese pelo despeinado y con la ropa desacomodada luego de un sacudón... Pero ese es otro tema.
Fui donde el nuevo Director. Se nota que es un muchacho joven, que muy bien no sabía que hacer en este bendito cementerio. Y bueno, me preguntó como me llamo. - Juan, señor, le dije. A estos 53 años y más de 20 años viviendo acá en el cementerio y en este pueblo, es la primera vez que noté que debía presentarme. Y dije de nuevo: -Juan Madariaga, señor. Y allí noté también que el chico no tenía porqué saber quién era yo. Venía de la ciudad a ocupar un puesto administrativo de un cementerio en el medio del campo, en un pueblo que ni siquiera sabía que existía, en el paraje X que hacía intersección en Y, y que se llamaba Valle Santo. Luego, me preguntó si vivía ahí y cómo había llegado a vivir en el cementerio, siendo el enterrador. Me dijo que eso me convertiría en sereno, y que ocupar ese puesto implicaría pagarme más dinero. Dinero que dicen que no tienen, pero eso no me importa, mi hogar es este, junto a estas tumbas de cuerpos pudriéndose bajo tierra. Luego le dije que ser sereno no es problema, ya que el vivir en la vivienda al interior del cementerio, sería una forma de pago. Mientras tanto, entierro a los que murieron y de vez en cuando ahuyento cuanto brujo o bruja, viene a querer robarse los huesos de algún difunto. Yo no creo en la brujería... ¿será que unos viejos huesos sirven para algo?
Me fui de la oficina del Director. Un muchacho agradable. Si él supiera... mi vida estaba en este cementerio. De vez en cuando, cuando veo que la noche pinta linda, me voy a la pulpería del pueblo a emborracharme. ¡Cuánta mujer hermosa cruza por ahí! Ojalá alguna me aceptara y quisiera vivir conmigo en el cementerio. Pero todas son unas viejas supersticiosas... dicen que les echarán tierra y tendrán mala suerte en la vida. Por suerte, el amor no me falta. Me llevé a la casita a cuanta aventurera del pueblo quiso acompañarme. Y bien, también a cuanta muchachita curiosa que quiso seguirme, como la gringuita hija de Don Lito... si el viejo se enterara, me cruzaría el estómago con el facón de plata que siempre lleva en la cintura. Y le digo viejo... ¡vaya! Tan sólo él es unos tres o cuatro años mayor que yo, aunque a pesar de mi duro trabajo, no estoy tan mal.
Así como venía pensando... mi vida estaba en este cementerio. Extrañaré contarle a Don Díaz mis historias de ultratumba. El viejo creía que yo le fabulaba para que tuviera miedo, que por eso no me hacía caso. Pero la curiosidad lo mataba y luego se iba medio temblando para su casa. Le contaba, la última vez que nos vimos acá, que cuando la luna es más clara e ilumina el cementerio, éste se vuelve en un pueblo con vida. Y puedo ver pasearse cuanta anima se imagine. Hasta algunos hablan conmigo, preguntándome cómo volver a casa. También están aquellos que no se enteraron que se murieron y vagan por ahí. Y también están esos que chillan, lloran, gritan y se esconden tras las sombras.
Sí, soy Juan, el enterrador y mi vida estaba en este cementerio.
que trabajábamos acá desde hace años. Aparte, la Negra es muy linda, siempre llega con su pelo bien atado y su ropa ajustada, pero sobria. Eso sí, que nadie se le haga el vivo porque ella era brava; mejor ni pienso lo que será ella con ese pelo despeinado y con la ropa desacomodada luego de un sacudón... Pero ese es otro tema.
Fui donde el nuevo Director. Se nota que es un muchacho joven, que muy bien no sabía que hacer en este bendito cementerio. Y bueno, me preguntó como me llamo. - Juan, señor, le dije. A estos 53 años y más de 20 años viviendo acá en el cementerio y en este pueblo, es la primera vez que noté que debía presentarme. Y dije de nuevo: -Juan Madariaga, señor. Y allí noté también que el chico no tenía porqué saber quién era yo. Venía de la ciudad a ocupar un puesto administrativo de un cementerio en el medio del campo, en un pueblo que ni siquiera sabía que existía, en el paraje X que hacía intersección en Y, y que se llamaba Valle Santo. Luego, me preguntó si vivía ahí y cómo había llegado a vivir en el cementerio, siendo el enterrador. Me dijo que eso me convertiría en sereno, y que ocupar ese puesto implicaría pagarme más dinero. Dinero que dicen que no tienen, pero eso no me importa, mi hogar es este, junto a estas tumbas de cuerpos pudriéndose bajo tierra. Luego le dije que ser sereno no es problema, ya que el vivir en la vivienda al interior del cementerio, sería una forma de pago. Mientras tanto, entierro a los que murieron y de vez en cuando ahuyento cuanto brujo o bruja, viene a querer robarse los huesos de algún difunto. Yo no creo en la brujería... ¿será que unos viejos huesos sirven para algo?
Me fui de la oficina del Director. Un muchacho agradable. Si él supiera... mi vida estaba en este cementerio. De vez en cuando, cuando veo que la noche pinta linda, me voy a la pulpería del pueblo a emborracharme. ¡Cuánta mujer hermosa cruza por ahí! Ojalá alguna me aceptara y quisiera vivir conmigo en el cementerio. Pero todas son unas viejas supersticiosas... dicen que les echarán tierra y tendrán mala suerte en la vida. Por suerte, el amor no me falta. Me llevé a la casita a cuanta aventurera del pueblo quiso acompañarme. Y bien, también a cuanta muchachita curiosa que quiso seguirme, como la gringuita hija de Don Lito... si el viejo se enterara, me cruzaría el estómago con el facón de plata que siempre lleva en la cintura. Y le digo viejo... ¡vaya! Tan sólo él es unos tres o cuatro años mayor que yo, aunque a pesar de mi duro trabajo, no estoy tan mal.
Así como venía pensando... mi vida estaba en este cementerio. Extrañaré contarle a Don Díaz mis historias de ultratumba. El viejo creía que yo le fabulaba para que tuviera miedo, que por eso no me hacía caso. Pero la curiosidad lo mataba y luego se iba medio temblando para su casa. Le contaba, la última vez que nos vimos acá, que cuando la luna es más clara e ilumina el cementerio, éste se vuelve en un pueblo con vida. Y puedo ver pasearse cuanta anima se imagine. Hasta algunos hablan conmigo, preguntándome cómo volver a casa. También están aquellos que no se enteraron que se murieron y vagan por ahí. Y también están esos que chillan, lloran, gritan y se esconden tras las sombras.
Sí, soy Juan, el enterrador y mi vida estaba en este cementerio.
lunes, 27 de agosto de 2012
Sonrisa de Ecce Homo
Me siento como ese Jesús borroneado.
Me difuminaron mi sonrisa dominguera
en ese trayecto del bondi al volver a casa.
No fue Cecilia, más bien fue
esa que hace 10 años fue mi amiga
y mi principal entregadora.
Veo pasar los años entre lágrimas
tras recordar esa vez
que traicionada,
mis detractores me han hecho daño.
Me difuminaron mi sonrisa dominguera
en ese trayecto del bondi al volver a casa.
No fue Cecilia, más bien fue
esa que hace 10 años fue mi amiga
y mi principal entregadora.
Veo pasar los años entre lágrimas
tras recordar esa vez
que traicionada,
mis detractores me han hecho daño.
domingo, 26 de agosto de 2012
Viernes gris
No podía ser un viernes más gris.
Justo pensaba vos, mientras leía poesía
harta de tanto texto científico
acumulado en los 30 libros que me tragué todo este tiempo,
más los 100 papers de extraños que me dicen
un poco más de lo que ya sabía.
Pensaba en vos, mientras leía Cortázar
y escuchaba el saludo del maneki neko en la otra habitación
(había que saludar a la suerte de vez en cuando)
hasta que
los gritos violentos de los gatos
me hicieron salir de mi reposo y buscarte en mi patio.
Caminé al verde del pasto,
te llamé varias veces
y te sentí allí, al fondo,
en el azahar de las flores del naranjo
junto a varios 'objetos perdidos'.
¿Tenía que encontrarte al fondo,
sentir a Julio que me decía:
"Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo"?
Más el gris, el verde, el azahar
inundándome los pulmones,
llenando mi retina
y el impulso a llegar al naranjo
y acercar mi nariz a las flores
a pesar de esta alergia
que no me deja oler nada,
pero que me dejaba olerte a vos
escondido entre el blanco de esas pequeñas esclavas del tallo.
Y tenías que estar al fondo,
en "todo eso es tan poco (y que)
yo lo quiero de vos porque te quiero",
porque siempre te quise,
porque descubrí que
misteriosamente estabas allí para mi.
Justo pensaba vos, mientras leía poesía
harta de tanto texto científico
acumulado en los 30 libros que me tragué todo este tiempo,
más los 100 papers de extraños que me dicen
un poco más de lo que ya sabía.
Pensaba en vos, mientras leía Cortázar
y escuchaba el saludo del maneki neko en la otra habitación
(había que saludar a la suerte de vez en cuando)
hasta que
los gritos violentos de los gatos
me hicieron salir de mi reposo y buscarte en mi patio.
Caminé al verde del pasto,
te llamé varias veces
y te sentí allí, al fondo,
en el azahar de las flores del naranjo
junto a varios 'objetos perdidos'.
¿Tenía que encontrarte al fondo,
sentir a Julio que me decía:
"Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo"?
Más el gris, el verde, el azahar
inundándome los pulmones,
llenando mi retina
y el impulso a llegar al naranjo
y acercar mi nariz a las flores
a pesar de esta alergia
que no me deja oler nada,
pero que me dejaba olerte a vos
escondido entre el blanco de esas pequeñas esclavas del tallo.
Y tenías que estar al fondo,
en "todo eso es tan poco (y que)
yo lo quiero de vos porque te quiero",
porque siempre te quise,
porque descubrí que
misteriosamente estabas allí para mi.
viernes, 24 de agosto de 2012
Salvándonos
Te propuse jugar otra vez
y te llevé al sofá a recostarnos;
yo debajo,
vos encima y de espaldas a mi pecho
para que los dos podamos apreciar
la misma perspectiva.
Tus ojos verdes,
tu pelo verde que enriedo
entre mis dedos
(siempre juego con tu largo pelo),
y los dos mirando al techo,
uniendo puntos imaginarios,
formando figuras de cosas insospechadas,
jugando...
Los dos jugando
a ser héroes de acción
de alguna ciudad imaginaria;
los dos jugando
y salvándonos.
y te llevé al sofá a recostarnos;
yo debajo,
vos encima y de espaldas a mi pecho
para que los dos podamos apreciar
la misma perspectiva.
Tus ojos verdes,
tu pelo verde que enriedo
entre mis dedos
(siempre juego con tu largo pelo),
y los dos mirando al techo,
uniendo puntos imaginarios,
formando figuras de cosas insospechadas,
jugando...
Los dos jugando
a ser héroes de acción
de alguna ciudad imaginaria;
los dos jugando
y salvándonos.
Atravesar
Al mirarme al espejo busqué atravesar ese cristal que me reflejaba pensando encontrarme a mí misma otra vez... ni el reflejo de mí lo habitaba... nada hay...
¿Sueños?
Arrastraba locuras que contorneaban sus sueños... ¿Sueños? Perdón, realidades. Desde su visión él no distinguía donde estaban sus fantasías y donde estaba aquello que el resto de la gente llamaba 'el mundo real'.
La máquina
Una máquina apareció al fondo de mi cama mientras dormía. Me desperté al sentir caer su pesado y metálico cuerpo sobre el piso. Al mirar atrás, ahí estaba, al fondo de mi cama, todo oxidado, inmóvil... Me pregunto de dónde habrá salido, pero tan sólo podía escuchar un grillo con su melodía en el silencio de la noche.
Vuelvo a cerrar los ojos y de pronto, siento que la máquina se enciende. Veo que
esta gira y que tenía una boca grande, y del otro lado, una especie de salida. Esta boca grande comenzó a accionarse como una fuerza centrífuga comiéndose mis sábanas... y ya había alcanzado mis pies... ya me había alcanzado, cuando reconozco que era: ni más, ni menos, que una gigante trituradora de carne.
Vuelvo a cerrar los ojos y de pronto, siento que la máquina se enciende. Veo que
esta gira y que tenía una boca grande, y del otro lado, una especie de salida. Esta boca grande comenzó a accionarse como una fuerza centrífuga comiéndose mis sábanas... y ya había alcanzado mis pies... ya me había alcanzado, cuando reconozco que era: ni más, ni menos, que una gigante trituradora de carne.
domingo, 19 de agosto de 2012
Arrastrando
Te llevo arrastrando a mi cama...
y un poco más a mi costado...
y otro poco más a que tengamos el mismo sueño...
De las culpas y de Poncios Pilatos
El acto de lavarse las manos trae consigo varios sentidos. Un primer sentido, bíblico, de un servidor de Herodes mojando sus manos en un lavabo móvil para poder simbolizar un 'no me hago cargo de la culpa que me toca' frente a una decisión... Hermosa imagen, el juicio, inminente... un doble juicio donde todos eran jueces, verdugos, demandantes y culpables. Épico. De alguna manera teníamos que manejar la cosa para justificar el no hacernos cargo.
El segundo sentido, el de la salud e higiene. Hay que lavar el cuerpo y y sobre todo las manos por todo aquello que se toca. Hay que limpiar el alma y la piel frotando jabón en palmas, dedos, superficie y quitar así lo sucio. Para ello, lo hago en un lavabo inmueble, en la privacidad del baño de alguna casa, sobre todo, la propia, sin que sea acto público... Allí me llevo las culpas a un lugar oculto. La autoflagelación y los gérmenes expandidos por todos lados ahogánd
ose, gustan a la costumbre y son un acto de justicia.
Un tercer sentido, el lavar las manos en lugares no convencionales. La cosa va por lavar la culpa y dejarla ahí donde la llevé. Una búsqueda desesperada de libertad ante la esclavitud de eso que picotea y oxida lo que hay dentro de cada uno.
Si me pusiera a pensar las veces en las que este simple acto rutinario, como el lavarme las manos, trae consigo estos sentidos, no llevaría culpas. Al contrario, removería cierta mugre pegoteada entre las uñas, el dulce del chupetín que chupé minutos atrás, el olor del tránsito curioso de mis dedos por mi sexo horas atrás y buscaría renovar la complicidad con el agua y el jabón que nada realmente remueve, limpia ni desintoxica.
El segundo sentido, el de la salud e higiene. Hay que lavar el cuerpo y y sobre todo las manos por todo aquello que se toca. Hay que limpiar el alma y la piel frotando jabón en palmas, dedos, superficie y quitar así lo sucio. Para ello, lo hago en un lavabo inmueble, en la privacidad del baño de alguna casa, sobre todo, la propia, sin que sea acto público... Allí me llevo las culpas a un lugar oculto. La autoflagelación y los gérmenes expandidos por todos lados ahogánd
ose, gustan a la costumbre y son un acto de justicia.
Un tercer sentido, el lavar las manos en lugares no convencionales. La cosa va por lavar la culpa y dejarla ahí donde la llevé. Una búsqueda desesperada de libertad ante la esclavitud de eso que picotea y oxida lo que hay dentro de cada uno.
Si me pusiera a pensar las veces en las que este simple acto rutinario, como el lavarme las manos, trae consigo estos sentidos, no llevaría culpas. Al contrario, removería cierta mugre pegoteada entre las uñas, el dulce del chupetín que chupé minutos atrás, el olor del tránsito curioso de mis dedos por mi sexo horas atrás y buscaría renovar la complicidad con el agua y el jabón que nada realmente remueve, limpia ni desintoxica.
Amanecer
Recuerdo esas horas previas a amanecer y nuestras bocas devorándose hambrientos de nosotros.
Tantas noches de deseo pasaron por nuestras mentes, por nuestros cuerpos cómplices, por nuestras manos tocando nuestra propia figura, nuestros labios, nuestro sexo, poniendo el pensamiento en esto que los dos creamos, ese lazo especial que nos conectaba a nuestras profundidades y a aquello escondido, asqueroso, sucio, que no podemos exteriorizar ante los demás. Eso que causaría escándalo; nuestra atrocidad gore diseminada en las entrañas, desangrándonos. Y la humedad permanente, esa sensación mojada sobre las paredes, estas cuatro paredes y nuestras paredes exteriores e interiores.
La entrega al goce, los gemidos enredados y de nuevo esa imagen: tu boca y mi boca comiéndose en una hermosa transfusión de saliva; nuestros brazos entrecruzándose; nuestras manos tallandonos, moldeandonos, matándonos. Dos locos al amanecer, sólo dos locos que se encontraron ante el mismo hambre caníbal que habían construido.
Tantas noches de deseo pasaron por nuestras mentes, por nuestros cuerpos cómplices, por nuestras manos tocando nuestra propia figura, nuestros labios, nuestro sexo, poniendo el pensamiento en esto que los dos creamos, ese lazo especial que nos conectaba a nuestras profundidades y a aquello escondido, asqueroso, sucio, que no podemos exteriorizar ante los demás. Eso que causaría escándalo; nuestra atrocidad gore diseminada en las entrañas, desangrándonos. Y la humedad permanente, esa sensación mojada sobre las paredes, estas cuatro paredes y nuestras paredes exteriores e interiores.
La entrega al goce, los gemidos enredados y de nuevo esa imagen: tu boca y mi boca comiéndose en una hermosa transfusión de saliva; nuestros brazos entrecruzándose; nuestras manos tallandonos, moldeandonos, matándonos. Dos locos al amanecer, sólo dos locos que se encontraron ante el mismo hambre caníbal que habían construido.
Cuando conocí a Héctor
Terminaba noviembre y hacía frío en la city porteña. Iba a visitar a unos amigos-compañeros de socio en la Facu. Llego a Sociales de MT y al pasar al bar, llego al estacionamiento recuperado, y me encuentro con uno de mis amigos y con Héctor, ambos tomando una birra de marca brasileña casi como pintados sobre un cuadro. Me presento; nos presentan con este señor mayor, de aspecto andrajoso, que compartía la birra en ese momento dejando su mate sobre la mesa.
Hablamos un poco, me preguntó de donde era. Y él hablaba y hablaba casi abstraído pero con certezas que en su mezcla de libros y conocimiento-de-la-vida, mostraban que Héctor no hablaba por hablar, ni era locura... era un saber tan acabado (y lleno de preguntas) que compartía con nosotros, aunque parecían puros delirios. Y como buen anfitrión, se levantó de la mesa... improvisada mesa, que no era más que un carretel donde se enrollan cables que funcionaba perfectamente
como ella, y se dirigió a hablar con otros estudiantes en el estacionamiento.
Quedé pensando, mirando irse a Héctor y pregunto a mi amigo quien era. Me cuenta que él vivía allí en el estacionamiento hace mucho tiempo, y que nadie podría precisar desde cuando Héctor moraba en la Facultad de Sociales, ni de donde es, ni cuantos años tenía, ni porqué estaba allí. Al parecer, no era argentino -si mal no recuerdo, era uruguayo, o tal vez me equivoque-, que tenía esposa e hijos, que era un tipo muy culto -cosa que indicaba que pasó por la universidad o muchos libros- y que llegó a vivir allí vaya a saber porqué razones...
Esperaba nuevamente este año visitar Sociales y tal vez compartir junto a mis amigos y Héctor, otra vez una birra sumada a una charla interesante. El destino es a veces boicotero y me obliga a quedarme con este recuerdo... Invierno, te llevaste a Héctor, a quien recuerdo en estas líneas.
Hablamos un poco, me preguntó de donde era. Y él hablaba y hablaba casi abstraído pero con certezas que en su mezcla de libros y conocimiento-de-la-vida, mostraban que Héctor no hablaba por hablar, ni era locura... era un saber tan acabado (y lleno de preguntas) que compartía con nosotros, aunque parecían puros delirios. Y como buen anfitrión, se levantó de la mesa... improvisada mesa, que no era más que un carretel donde se enrollan cables que funcionaba perfectamente
como ella, y se dirigió a hablar con otros estudiantes en el estacionamiento.
Quedé pensando, mirando irse a Héctor y pregunto a mi amigo quien era. Me cuenta que él vivía allí en el estacionamiento hace mucho tiempo, y que nadie podría precisar desde cuando Héctor moraba en la Facultad de Sociales, ni de donde es, ni cuantos años tenía, ni porqué estaba allí. Al parecer, no era argentino -si mal no recuerdo, era uruguayo, o tal vez me equivoque-, que tenía esposa e hijos, que era un tipo muy culto -cosa que indicaba que pasó por la universidad o muchos libros- y que llegó a vivir allí vaya a saber porqué razones...
Esperaba nuevamente este año visitar Sociales y tal vez compartir junto a mis amigos y Héctor, otra vez una birra sumada a una charla interesante. El destino es a veces boicotero y me obliga a quedarme con este recuerdo... Invierno, te llevaste a Héctor, a quien recuerdo en estas líneas.
Estampado fino
Apuñalar el papel con el lápiz
mientras le imprimo
estas palabras
que hablan de vos.
No sangra, no,
simplemente se transforma
del blanco
a un estampado fino...
mientras le imprimo
estas palabras
que hablan de vos.
No sangra, no,
simplemente se transforma
del blanco
a un estampado fino...
Soportable
La resolana entra por la ventana
dando algo de luz a este cuarto frío,
pero
más luz me trae tu recuerdo,
pensarte así
para que el día sea más soportable...
dando algo de luz a este cuarto frío,
pero
más luz me trae tu recuerdo,
pensarte así
para que el día sea más soportable...
lunes, 6 de agosto de 2012
Dos bocas
Eran dos bocas
y era el hambre.
Eran dos bocas hambrientas
contándose secretos
al amanecer.
Eran dos bocas
devorándose
a la misma velocidad,
con la misma necesidad,
buscando llenarse
de la misma humedad.
y era el hambre.
Eran dos bocas hambrientas
contándose secretos
al amanecer.
Eran dos bocas
devorándose
a la misma velocidad,
con la misma necesidad,
buscando llenarse
de la misma humedad.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Te volví a mirar
Te volví a mirar. Mirándote supe que sos mi espejo perfecto más allá de mi imperfección propia de ser como soy y de que vos seas como sos. Preferí callar las veces que te amé con la palabra o con mis ojos o mis caricias. Preferí dejar por los dos ceteris paribus.
Estamos para la complicidad y no para el amor.
Estamos para la complicidad y no para el amor.
He venido
He venido hasta acá para morir contigo.
He vuelto, desde ese lugar lejano,
con estas pocas energías que me quedan,
a acompañarte en ese sendero a la muerte
que pareciera que nos espera de la mano.
He vuelto a vos
a pesar de tus excusas,
a pesar de que quieras salvarme
de desangrarme abrazada a tu cintura,
descansando en tu pecho,
contando tus latidos hasta que ya no vuelva a latir.
He venido desde allá para morir contigo.
He vuelto, una vez más
a tu costado,
reclamando esos besos debidos,
contándote mis secretos no tan secretos
y eso que develamos
entre susurros al oído.
Vine a cortarnos las muñecas,
a enchastrarnos asquerosamente de esta sangre
que se mezcla en ese rincón oscuro
donde decidimos esperar
que ella corra,
y corra.
He vuelto, desde ese lugar lejano,
con estas pocas energías que me quedan,
a acompañarte en ese sendero a la muerte
que pareciera que nos espera de la mano.
He vuelto a vos
a pesar de tus excusas,
a pesar de que quieras salvarme
de desangrarme abrazada a tu cintura,
descansando en tu pecho,
contando tus latidos hasta que ya no vuelva a latir.
He venido desde allá para morir contigo.
He vuelto, una vez más
a tu costado,
reclamando esos besos debidos,
contándote mis secretos no tan secretos
y eso que develamos
entre susurros al oído.
Vine a cortarnos las muñecas,
a enchastrarnos asquerosamente de esta sangre
que se mezcla en ese rincón oscuro
donde decidimos esperar
que ella corra,
y corra.
miércoles, 25 de julio de 2012
Deshazte
Deshazte de todo,
del broche que sostiene tu pelo,
del maquillaje sobre tu rostro,
del perfume que te pusiste,
de la bijouterie de fantasía
que compraste en el boulevard
y de esas tontas zapatillas de lona.
Deshazte de todo,
quitate las medias colorinches
y a rayas que tanto te gustan,
quitate la ropa despacito,
deshazte de tu pudor
y hazte desnudez,
que esta noche es larga
y quiero vestirme de vos.
del broche que sostiene tu pelo,
del maquillaje sobre tu rostro,
del perfume que te pusiste,
de la bijouterie de fantasía
que compraste en el boulevard
y de esas tontas zapatillas de lona.
Deshazte de todo,
quitate las medias colorinches
y a rayas que tanto te gustan,
quitate la ropa despacito,
deshazte de tu pudor
y hazte desnudez,
que esta noche es larga
y quiero vestirme de vos.
martes, 24 de julio de 2012
Piano
Mi piano
más nuestra melodía favorita
esa noche que disfrazaba
de gris
este nocturno cielo que contemplamos.
Lo mismo,
miramos lo mismo
al horizonte.
Te observo,
vuelvo a contemplarte
sentada al pie
de este piano,
abrazando mis piernas,
recostando mi cara sobre mis rodillas
para ver cada movimiento tuyo,
cada gesto tuyo,
cada momento que sonríes
sabiendo que te miro
fijamente,
fotografiándote sucesivamente
para capturar(te) todo.
Todo era colores
a tu alrededor,
y a veces,
blanco y negro
como en esos días que lloras en secreto
y quieres contarme
eso que pesa sobre tu alma,
esa mochila que te cansa.
Y vuelvo al piano,
vuelvo a las palabras de amor que callo,
al "te amo" suspendido
todas las veces que te miro
y que no puedo gritarte;
a nuestros cuerpos desnudos
que se hablan
pero no se tocan...
Sigues tu melodía,
muero en el sueño soñándote,
sabiendo que te miro
y te amo;
te miro
y te amo...
domingo, 22 de julio de 2012
Sintonía
Pienso que alguna sensación te causaba
morir en sus labios,
entre sus manos y sus dedos
que luego te traicionaron.
Pienso que en algún momento
nosotros dejamos de estar en sintonía
y el fantasma de ella
acechaba esto que somos nosotros.
Pienso en las veces que prometiste
ir a buscarla al más allá,
a rescatarla del Hades
que ella misma se buscó.
También vuelvo a pensar en sus besos,
moribunda y solitaria,
esos besos desesperados:
¿serán como los míos?
¿En qué momento 'Ustedes' fueron?
¿En qué momento dejamos de ser 'Nosotros'?
¿En qué momento nos atormentamos
por esto que llegó a nuestros pies
rogando amor,
de rodillas humillándose,
manchando nuestros nombres
y matando esto que siento por vos?
Y pienso en cada latido doloroso
de este corazón
que dice ahogado y constantemente,
'adiós'.
morir en sus labios,
entre sus manos y sus dedos
que luego te traicionaron.
Pienso que en algún momento
nosotros dejamos de estar en sintonía
y el fantasma de ella
acechaba esto que somos nosotros.
Pienso en las veces que prometiste
ir a buscarla al más allá,
a rescatarla del Hades
que ella misma se buscó.
También vuelvo a pensar en sus besos,
moribunda y solitaria,
esos besos desesperados:
¿serán como los míos?
¿En qué momento 'Ustedes' fueron?
¿En qué momento dejamos de ser 'Nosotros'?
¿En qué momento nos atormentamos
por esto que llegó a nuestros pies
rogando amor,
de rodillas humillándose,
manchando nuestros nombres
y matando esto que siento por vos?
Y pienso en cada latido doloroso
de este corazón
que dice ahogado y constantemente,
'adiós'.
miércoles, 18 de julio de 2012
Perspectiva
Tenía que cambiar la perspectiva.
Correrme hacia una esquina,
hacia otra,
hacia arriba o abajo;
tenía que decidir bien donde pararme,
contemplar la luz,
el cuadro,
ese enfoque
donde captar mejor
esa sonrisa tuya.
Y mirarte a los ojos
al apuntarte
para llevarme tu mirada
mientras sostienes tu boca
alegre
entre flasheos momentáneos.
¿Por qué esta luz será tan tenue?
Se pixela tu rostro,
te vuelves lejano,
mientras yo sostengo el lente
y doy pasos hacia atrás.
Reteneme.
No,
me dejas ir.
Sigo retrocediendo,
pierdo la perspectiva.
Tan solo sos una silueta a lo lejos,
borrosa,
escuálida.
Debo cambiar otra vez mi perspectiva,
¿será que al acercarme seas el mismo
que tuve de frente hace un instante?
Correrme hacia una esquina,
hacia otra,
hacia arriba o abajo;
tenía que decidir bien donde pararme,
contemplar la luz,
el cuadro,
ese enfoque
donde captar mejor
esa sonrisa tuya.
Y mirarte a los ojos
al apuntarte
para llevarme tu mirada
mientras sostienes tu boca
alegre
entre flasheos momentáneos.
¿Por qué esta luz será tan tenue?
Se pixela tu rostro,
te vuelves lejano,
mientras yo sostengo el lente
y doy pasos hacia atrás.
Reteneme.
No,
me dejas ir.
Sigo retrocediendo,
pierdo la perspectiva.
Tan solo sos una silueta a lo lejos,
borrosa,
escuálida.
Debo cambiar otra vez mi perspectiva,
¿será que al acercarme seas el mismo
que tuve de frente hace un instante?
jueves, 5 de julio de 2012
Arte
El arte de justificar lo injustificable...
no apto para mentes sensibles.
También es arte cuando
no apto para mentes sensibles.
También es arte cuando
me manipulas con tus palabras y elocuencia...
Si fui inteligente alguna vez, ahora dejé de serlo.
Debería perforar mis tímpanos para no volver a escucharte.
Debería perforar mis tímpanos para no volver a escucharte.
Debería arrancarme los ojos para no leerte.
Maldita enseñanza, esa
que me pone en piloto automático
y me programa vilmente
a ponerme de rodillas
cada vez que apareces
a robarte mi libertad.
miércoles, 4 de julio de 2012
Coqueteo fino limited
Buscaste esa lencería fina de encajes y sedas en rojo y en negro. Usaste ese collar de diamantes que él te había regalado en aquella ocasión especial. No buscaste a tu amor, buscaste a un amante para desatar todas tus fantasías y deseos.
Fuiste sola a aquel restaurante de la calle Roca con un elegante pero insinuante vestido negro para esconder la fina lengerie. Engañaste a tu amor con lugares, compañías y discursos. Al entrar, te gustaron muchos, más él se destacaba de entre el resto de los hombres que estaban solos allí.
Tu caminar seducía, mujer. Cada paso parecía caminar sobre el cielo. Te acercaste a él, sentándote al lado de la barra... fatal todo, fatal al buscar su mirada. Pediste una cerveza, así no parecías inalcanzable. Coqueteabas, te insinuabas al sexo opuesto... querías la noche, buscabas la noche... te llevaste la noche finamente...
¿Qué sería yo sin tu poesía?
¿Qué sería yo sin tu poesía?
¿O bien, qué sería yo
sin tu prosa maldita y engualichadora
o de tu bla, bla, bla constante?
Tus palabras bien me moldearon,
tu lenguaje, siempre supo quien era yo
detrás de esta máscara
que emite sonidos graves
al pronunciar tu nombre
cada vez que te sueño.
¿O bien, qué sería yo
sin tu prosa maldita y engualichadora
o de tu bla, bla, bla constante?
Tus palabras bien me moldearon,
tu lenguaje, siempre supo quien era yo
detrás de esta máscara
que emite sonidos graves
al pronunciar tu nombre
cada vez que te sueño.
sábado, 30 de junio de 2012
Seventeen
Fue uno... luego acompañó el siete,
como esa línea de bondi que a veces tomo
pensando que siempre llegaré a destino
de forma segura.
También fue abril.
Treinta días murieron en la memoria...
Doce antes de treinta en los que te vi
sin creerme en creerte
pintándote en mi paisaje,
difuminando el contexto,
encendiéndote vos,
caminando a mi hentai,
robándote mi Excalibur,
cortándome la cabeza inmortal,
rebanando mis extremidades
y mis tripas a lo gore,
vaciándome el cuerpo de sangre
que te bebes desesperado
ante esa sed de pasión.
Esa sed salada,
dolorosa,
que gozas
cuando intruso,
de todo me despojas.
como esa línea de bondi que a veces tomo
pensando que siempre llegaré a destino
de forma segura.
También fue abril.
Treinta días murieron en la memoria...
Doce antes de treinta en los que te vi
sin creerme en creerte
pintándote en mi paisaje,
difuminando el contexto,
encendiéndote vos,
caminando a mi hentai,
robándote mi Excalibur,
cortándome la cabeza inmortal,
rebanando mis extremidades
y mis tripas a lo gore,
vaciándome el cuerpo de sangre
que te bebes desesperado
ante esa sed de pasión.
Esa sed salada,
dolorosa,
que gozas
cuando intruso,
de todo me despojas.
Bullicio
Estamos siempre tan rodeados del mundo
que nos cuesta arrinconarnos
para entendernos mejor.
No nos escuchamos entre tantas voces.
"Mi amor", creo que me llamaste
"mi amor", mientras me miraste desde
esa otra punta de la sala
rodeada de ninfas queriéndose
atar a una fantasiosa historia de amor.
¿Somos al final?
Al final, somos;
somos el mismo lenguaje
que no logra callar el bullicio del mundo.
que nos cuesta arrinconarnos
para entendernos mejor.
No nos escuchamos entre tantas voces.
"Mi amor", creo que me llamaste
"mi amor", mientras me miraste desde
esa otra punta de la sala
rodeada de ninfas queriéndose
atar a una fantasiosa historia de amor.
¿Somos al final?
Al final, somos;
somos el mismo lenguaje
que no logra callar el bullicio del mundo.
viernes, 29 de junio de 2012
Viuda
Te estrangulo cada noche porque te amo. No te amo si no te mato primero.
Y si he quedado viuda tantas veces, es por todas las veces que amé.
Y si he quedado viuda tantas veces, es por todas las veces que amé.
Se habían mirado tanto
Se habían mirado tanto. Todos esos días, todos esos meses, se habían mirado tanto. De vez en cuando, él se le arrimaba para preguntarle como está. Se le pegaba al costado de ella para poder adorarla más cerca, para poder examinarla y disfrutarla más cerca. Y así también, se le acercaba para tener una excusa para saludarle de un beso al terminar la jornada y la actividad por la que ambos sabían que estaban condenados a juntarse.
Se habían merodeado tanto. De vez en cuando, él le decía a ella cuanto brillaba en hermosura. Ella reía. La risa de la incredulidad.
Se habían mirado tanto... aprovecharon la fuga para poder conocerse. Y en medio de la charla, se anticiparon los besos. Besos... de esos que no se dan a menudo... besos que eran atravesarse las gargantas con la lengua, mezclar químicamente las salivas que reaccionaban como ácidos. Quemaban, los besos quemaban entre fricciones, caricias, humedad.
Rompí
Rompí tantos corazones como vasos, platos y tazas.
Cada vez me convenzo más de que esas fragilidades son adrede. Ese músculo no puede estar tan tieso como para quebrarse. Sin embargo, los estampé contra paredes, suelo, muebles. Era el gozo de sentir el crack y el crunch de esa unidad de porcelana hecha pedazos esparciéndose por todos lados...
Ya les había advertido que de amarlos, los mataría. Y los ahogué en estrangulaciones de rituales paganos. Se habían asfixiado con su propio aire, tragaron su propia sangre. ¿Quién los mandó a enamorarse de mi perfume? ¿Quién les pidió desear mis besos? Rompí corazones que se remendaron tanto como el mío. Menos el tuyo.
miércoles, 27 de junio de 2012
Je ne suis
No soy nada si no sos vos.
Mi sexto sentido
percibe sujetos que nadie ve
pero que pasean espiando
nuestros encuentros clandestinos.
No soy nada sin nosotros.
No somos en este invierno
más que amantes de momento,
fuego eterno,
pasión desenfrenada,
-yo no quiero más que pasión-,
que quema con cada mirada,
con cada palabra al oído,
con cada fricción enérgica
de nuestras interminables dermis
transfigurándose,
permeándose,
humedeciéndose
quemándose,
confundiéndose,
mixturándose
lento, despacio,
rápido, furioso.
No somos dos sin vos.
Tanta calentura nos metamorfosea
y nos volvemos una oruga
envueltos entre las sábanas
estampadas de tu cama de una plaza.
Realizábamos una espeleología
de nuestras cavernosas y húmedas cavidades
en los montes y selvas de nuestros cuerpos
como geólogos,
como geógrafos
que cartografían con un gps, un compás y un lápiz
el terreno que se disputan
nuestras carnes.
Nuestras bocas se comían nuestros labios
y nuestras lenguas penetraban obsenamente
en cada beso dado.
Vampirezcamente mordíamos nuestros cuellos
succionando velozmente
nuestros torrentes sanguíneos
provocándonos hemorragias
mezcladas con saliva,
con semen,
fluidos de vida.
Felinamente jugábamos con nuestros pelos
y gemíamos sinfonías de pasión
derrochándonos
derramándonos.
Mi sexto sentido
percibe sujetos que nadie ve
pero que pasean espiando
nuestros encuentros clandestinos.
No soy nada sin nosotros.
No somos en este invierno
más que amantes de momento,
fuego eterno,
pasión desenfrenada,
-yo no quiero más que pasión-,
que quema con cada mirada,
con cada palabra al oído,
con cada fricción enérgica
de nuestras interminables dermis
transfigurándose,
permeándose,
humedeciéndose
quemándose,
confundiéndose,
mixturándose
lento, despacio,
rápido, furioso.
No somos dos sin vos.
Tanta calentura nos metamorfosea
y nos volvemos una oruga
envueltos entre las sábanas
estampadas de tu cama de una plaza.
Realizábamos una espeleología
de nuestras cavernosas y húmedas cavidades
en los montes y selvas de nuestros cuerpos
como geólogos,
como geógrafos
que cartografían con un gps, un compás y un lápiz
el terreno que se disputan
nuestras carnes.
Nuestras bocas se comían nuestros labios
y nuestras lenguas penetraban obsenamente
en cada beso dado.
Vampirezcamente mordíamos nuestros cuellos
succionando velozmente
nuestros torrentes sanguíneos
provocándonos hemorragias
mezcladas con saliva,
con semen,
fluidos de vida.
Felinamente jugábamos con nuestros pelos
y gemíamos sinfonías de pasión
derrochándonos
derramándonos.
The killing moon
Y estaba ahí,
cayéndose en medio de la calle
fría, de adoquines
rogando como
quien raspa sus rodillas
lamentándose por el amor que le dejó
sangrando en la misma medida
que el alcohol que bebió,
todas esas lunas que aúllan
por el llanto que se tragó
reprimiendo su garganta.
cayéndose en medio de la calle
fría, de adoquines
rogando como
quien raspa sus rodillas
lamentándose por el amor que le dejó
sangrando en la misma medida
que el alcohol que bebió,
todas esas lunas que aúllan
por el llanto que se tragó
reprimiendo su garganta.
Bajo esa luna asesina, Claudio supo ponerle un nombre a mis palabras...
lunes, 25 de junio de 2012
Amor, amo, te amo
El amor. Astilla los huesos, se vuelve leucemia, cáncer incurable... es un arma preciosa de doble filo. Amor, amo. Te amo hasta lo incalculable y te odio en la misma medida porque me dueles. Amor, poderoso hasta en la enésima potencia. Castrador por excelencia, incendio por defecto. Amor, amo, te amo. Me quitas y me devuelves la vida como parca. Desde que te conocí, vivo en un estado de 'mortus vivendi' que disfruto sabiendo que es así, por defecto. Te vivo con pasión, te disfruto igualmente. Me traes felicidad y dolor por igual partida. Amor, amo, te amo de nuevo.
sábado, 16 de junio de 2012
Reversa
Quiso apretar pausa en ese instante intenso.
Ninguno de los dos había leído el libro de los abrazos, pero sabían como darlos (y mezquinarlos también).
Quiso apretar reversa << en ese momento.
Si volvieran atrás, tal vez ella lo besaría y ninguno de ellos darían fin a esa guerra de bocas sedientas de deseos enunciados en sus cuerpos.
Quiso tener el control de Click.
Ella pierde el control, él pierde el control... ellos pierden el control otra vez. ¿Pausar? Difícil. ¿Hacer reversa? Imposible. Laissez passer del tiempo tirano... y dicen que sólo el tiempo es tirano en la TV. La caja boba, sabe hacernos perder el tiempo, pero nadie lo pierde ahí; ¡hay que vender!
Quiso poner subtítulos para eso que nadie interpreta del lenguaje.
En ocre cada gesto, mirada, postura... En ocre el abrazo... En ocre el susurro. En blanco el escenario, la calle vacía y fría, y el calor de dos cuerpos calientes, llenos de vida, que se encuentran y se atraen. En cuanto se separaron, entendieron que la física también es a la vida de la relación: una eterna ley de atracción y ley de repulsión que los encuentra en un abrazo y los repulsa luego de un instante.
(Sólo queda esa sensación de que el momento pasó rápido, que el abrazo hubiera querido ser más largo y que el beso se pudiera haber animado.)
Ninguno de los dos había leído el libro de los abrazos, pero sabían como darlos (y mezquinarlos también).
Quiso apretar reversa << en ese momento.
Si volvieran atrás, tal vez ella lo besaría y ninguno de ellos darían fin a esa guerra de bocas sedientas de deseos enunciados en sus cuerpos.
Quiso tener el control de Click.
Ella pierde el control, él pierde el control... ellos pierden el control otra vez. ¿Pausar? Difícil. ¿Hacer reversa? Imposible. Laissez passer del tiempo tirano... y dicen que sólo el tiempo es tirano en la TV. La caja boba, sabe hacernos perder el tiempo, pero nadie lo pierde ahí; ¡hay que vender!
Quiso poner subtítulos para eso que nadie interpreta del lenguaje.
En ocre cada gesto, mirada, postura... En ocre el abrazo... En ocre el susurro. En blanco el escenario, la calle vacía y fría, y el calor de dos cuerpos calientes, llenos de vida, que se encuentran y se atraen. En cuanto se separaron, entendieron que la física también es a la vida de la relación: una eterna ley de atracción y ley de repulsión que los encuentra en un abrazo y los repulsa luego de un instante.
(Sólo queda esa sensación de que el momento pasó rápido, que el abrazo hubiera querido ser más largo y que el beso se pudiera haber animado.)
miércoles, 13 de junio de 2012
Buscaba tus brazos
Aun temiendo a esta manía cartesiana,
-hermana duda, diría Drexler-,
reclamé tus abrazos
con gritos desgarradores
a esta fría noche estrellada.
Necesitaba abrazarme al calor
de tus brazos envolviéndome;
dar cuerda a mi corazón
con tus latidos
cuando nuestros pechos se aprietan
para sentirse
y pegarse
hasta integrar nuestras pieles
en un claroscuro perfecto.
Buscaba tus brazos
para que me dieran equilibrio
en esos momentos que siento
que me caigo
o me balanceo cual péndulo
que amaga su cara al suelo.
Buscaba llorar o reír
sin importar el motivo,
sabiendo que tu voz calmaría
o acompañaría mis momentos.
Vos conoces las palabras precisas
que necesito;
me desentrañas como a la trama misteriosa
de una compleja novela.
-hermana duda, diría Drexler-,
reclamé tus abrazos
con gritos desgarradores
a esta fría noche estrellada.
Necesitaba abrazarme al calor
de tus brazos envolviéndome;
dar cuerda a mi corazón
con tus latidos
cuando nuestros pechos se aprietan
para sentirse
y pegarse
hasta integrar nuestras pieles
en un claroscuro perfecto.
Buscaba tus brazos
para que me dieran equilibrio
en esos momentos que siento
que me caigo
o me balanceo cual péndulo
que amaga su cara al suelo.
Buscaba llorar o reír
sin importar el motivo,
sabiendo que tu voz calmaría
o acompañaría mis momentos.
Vos conoces las palabras precisas
que necesito;
me desentrañas como a la trama misteriosa
de una compleja novela.
Me rompe soberanamente las pelotas
Me rompe soberanamente las pelotas
cuando no te apoderas de mis labios
tan tuyos, servidos en toda ocasión.
Ansiosa; una ansiosa de mierda soy...
Mis labios están ahí,
mi boca espera deseosa
ese beso que nos prometimos
en amagues
de aliento etílico
bajo esas noches frías de luna.
Besame.
Besame como si fuera la primera vez
que besas a una prostituta parisina
ante la inexperiencia de la virginidad
que adolece en el cuerpo.
Besame
como si tu lengua fuera espada
penetrando a mi boca como si fuera mi sexo
húmedo e hinchado;
llename,
compartime tu saliva
en cada beso apasionado.
Besame y dejame de hinchar las pelotas
con tu discursito amistoso,
que los demás mueren por mi boca
pero yo me muero por tus besos.
Besame.
Besame y puteame
por haberte convencido
de que lo hicieras.
Sabes que mis labios son bien tuyos,
de tu boca, de tu cuello, de tu cuerpo.
cuando no te apoderas de mis labios
tan tuyos, servidos en toda ocasión.
Ansiosa; una ansiosa de mierda soy...
Mis labios están ahí,
mi boca espera deseosa
ese beso que nos prometimos
en amagues
de aliento etílico
bajo esas noches frías de luna.
Besame.
Besame como si fuera la primera vez
que besas a una prostituta parisina
ante la inexperiencia de la virginidad
que adolece en el cuerpo.
Besame
como si tu lengua fuera espada
penetrando a mi boca como si fuera mi sexo
húmedo e hinchado;
llename,
compartime tu saliva
en cada beso apasionado.
Besame y dejame de hinchar las pelotas
con tu discursito amistoso,
que los demás mueren por mi boca
pero yo me muero por tus besos.
Besame.
Besame y puteame
por haberte convencido
de que lo hicieras.
Sabes que mis labios son bien tuyos,
de tu boca, de tu cuello, de tu cuerpo.
Yo allí, en los Bosques de Lilith seduciendo a los mortales.
lunes, 4 de junio de 2012
Es placentera la condena
Es placentera la condena
de recordar tu sonrisa,
los bordes de tu boca,
visualizar a medias tus blancos dientes
a veces manchados de tabaco.
Y espiar tu rosada lengua
con la cual luchamos
con cada beso,
ese músculo suave
con el que nos humedecemos
y llenamos de saliva
cada cavidad.
Porque miro tus labios
mientras hablas
y se mueven,
mientras me muerdo los labios
en la ilusión de apretar los tuyos,
también respirándonos,
intercambiándonos el aire
y la humedad.
de recordar tu sonrisa,
los bordes de tu boca,
visualizar a medias tus blancos dientes
a veces manchados de tabaco.
Y espiar tu rosada lengua
con la cual luchamos
con cada beso,
ese músculo suave
con el que nos humedecemos
y llenamos de saliva
cada cavidad.
Porque miro tus labios
mientras hablas
y se mueven,
mientras me muerdo los labios
en la ilusión de apretar los tuyos,
también respirándonos,
intercambiándonos el aire
y la humedad.
Si es casi
Si es casi como bailar lento
abrazarte ratos largos
sin desear soltarte...
Sonaba esa, nuestra canción
ocultando el ruido del tránsito
de tantos vehículos,
de tantas almas,
de tanto animal con corazón,
de tanto edificio helado.
Si me envuelvo en vos
y me robo tu perfume,
te doy a compartir mi calor
y coordinamos el corazón
hasta la vuelta...
Esa vuelta que no quiere irse,
esa vuelta que no es vuelta
porque hasta donde recuerde
jamás te dejo,
jamás nos dejo;
ni dejo esa esquina desierta,
ese árbol a unos metros,
el cordón de la vereda marcando
el espacio que dice:
acá vos, allá yo.
Es casi mecerme en tus brazos
para escuchar tus latidos
y los profundos espasmos de tu respiración,
la humedad de tus adentros
al suspirar sobre mi cuello
y esa suavidad de tu piel rozándome
cada despedida,
con ese beso tierno
que no se quiere soltar.
abrazarte ratos largos
sin desear soltarte...
Sonaba esa, nuestra canción
ocultando el ruido del tránsito
de tantos vehículos,
de tantas almas,
de tanto animal con corazón,
de tanto edificio helado.
Si me envuelvo en vos
y me robo tu perfume,
te doy a compartir mi calor
y coordinamos el corazón
hasta la vuelta...
Esa vuelta que no quiere irse,
esa vuelta que no es vuelta
porque hasta donde recuerde
jamás te dejo,
jamás nos dejo;
ni dejo esa esquina desierta,
ese árbol a unos metros,
el cordón de la vereda marcando
el espacio que dice:
acá vos, allá yo.
Es casi mecerme en tus brazos
para escuchar tus latidos
y los profundos espasmos de tu respiración,
la humedad de tus adentros
al suspirar sobre mi cuello
y esa suavidad de tu piel rozándome
cada despedida,
con ese beso tierno
que no se quiere soltar.
sábado, 26 de mayo de 2012
Era la salvaje complicidad
Era la salvaje complicidad
de cada mirada jugando en parpadeos
cada vez más lentos...
Nada quería perderme del centro de tu iris
y ese musgo de tu pupila,
nada de tu sonrisa,
nada.
Quería reflejarme una vez más,
tras esos cristales;
y sobre ese espejo mío
(ese espejo mío que sos vos,
mágicamente vos),
en el que observo
tanto mis superficies
como mis adentros:
los órganos,
las visceras,
la carne,
los nervios,
las venas,
la sangre,
que hurgo, toqueteo
en esas dimensiones que no
conocí de mí,
así como me introduzco
de vez en cuando en vos
y me encuentro
nuevamente conmigo.
de cada mirada jugando en parpadeos
cada vez más lentos...
Nada quería perderme del centro de tu iris
y ese musgo de tu pupila,
nada de tu sonrisa,
nada.
Quería reflejarme una vez más,
tras esos cristales;
y sobre ese espejo mío
(ese espejo mío que sos vos,
mágicamente vos),
en el que observo
tanto mis superficies
como mis adentros:
los órganos,
las visceras,
la carne,
los nervios,
las venas,
la sangre,
que hurgo, toqueteo
en esas dimensiones que no
conocí de mí,
así como me introduzco
de vez en cuando en vos
y me encuentro
nuevamente conmigo.
martes, 22 de mayo de 2012
RaeYoo se había enamorado
RaeYoo se
había enamorado.
Enamorarse... en-amor-arse (rima con matarse -mat-arse-).
Ella estaba resignada a creer en el amor, hasta que este hizo de las suyas y
decidió, una vez más, robarle el corazón y hacerlo pedazos. Se había enamorado,
había amado a aquel muchacho al que frecuentaba sin darse cuenta. Ingenua.
Aun sabiendo que posiblemente no sería correspondida, siguió amando y a medida
que amaba, seguía sangrando su corazón hemorragias incurables... él no la
amaba, y en el fondo, bien ella sabía que su amor era sólo propio, porque amor
es cosa que se hace de a dos. Él tal vez no entendía tanto de esto...
Sin vinculo-amor entre ellos se entregaban los cuerpos, las almas, los fluidos
como si fueran el todo para el uno. Terminaban siendo noches interminables
donde ellos eran uno, donde se necesitaban. Eran uno. El problema de RaeYoo era
sentir que eso podría lograr que su amor le correspondiera... pero era algo tan
difícil como ver pasar a un dragón rojo por el cielo atormentado que estaban
sufriendo.
¿La quería? Seguramente sí. ¿La amaba? Ese amor pertenecía a otro templo (ese
cuerpo de mujer que él se había entregado y amado constantemente). RaeYoo
arrasaba sobre él pero no lograba penetrar los cimientos de ese templo y
arrastrarlo lejos del amor del muchacho. Una vez más, no le quedaba otra cosa a
esta niña que resignarse a conquistar a quien no quiso amar. Tomó un cuchillo,
se lo clavó a la izquierda de su pecho que estallaba... Con la sangre cayendo
por su cuerpo, siguió abriendo su pecho, cortó algunas venas, algunas
arterias... abrió su pecho como flor y arrancó su corazón... A duras penas,
cosió todo para ya no sangrar... el motor de vida no le hacía falta. Se retiró
del mundo y llevó a enterrar en tierra sagrada su corazón enamorado, a la
espera -ingenua, como siempre- de que él algún día vuelva a reclamarlo.
En Seoul, estaba observando al
muchacho alejarse y secarse como hoja en otoño.
Blanco y negro
Blanco y negro
- gris -,
toda la gama de valores
en los que contemplaba
tu estrecha silueta,
en la que luz
y oscuridad,
se condensaban
y me mostraban
en tu rostro
fino,
suave,
tu sonrisa
ante mi caricia;
tu estímulo favorito.
- gris -,
toda la gama de valores
en los que contemplaba
tu estrecha silueta,
en la que luz
y oscuridad,
se condensaban
y me mostraban
en tu rostro
fino,
suave,
tu sonrisa
ante mi caricia;
tu estímulo favorito.
viernes, 18 de mayo de 2012
Amos
Estabas relajado a lo lejos,
con la postura digna de un amo;
yo no dudé:
me transportaba lentamente
hacia tus espaldas,
sin que pudieras advertirlo
y así, como siempre,
revolver tu alborotado pelo verde.
¡Ay, si fuera Afrodita
conduciéndote al Edén de mi cuerpo,
ya te hubiera arrastrado cruelmente
del cabello
hasta esta morada fría donde reposo!
Fría, al menos ahora que no estuvimos ahí.
-Al menos que no estuve ahí,
calentando en cada paso que doy
los lugares donde transito-.
Estabas esperando de mi
el trato de una sierva a su rey;
sí, comenzaste a mandarme
para que masajeara tu cansada espalda
que había cargado mil lunas,
ciento de princesas,
algunas cuantas promesas,
tu amor por mi esclavitud
y tu todapoderosa forma de ser,
que se apoderaba de todas las dimensiones
de mi,
mi... lo que soy.
Mis manos no se cansaban de acariciar
tus hombros, tu cuello,
que cartografiaban cada músculo
que se liberaba de tanta presión cotidiana.
Y el goce,
el goce en tu sonrisa,
el placer desparramado en tu mirada
y en tu boca que balbuceaba
mi nombre,
mis ojos que te observan,
mi cuerpo próximo.
Mi rey,
mi amo,
mi gobierno
se volvió así
lentamente,
dulcemente,
deliciosamente
en mi esclavo.
Ya sometidos a la lujuria,
-o tal vez ella nos sometió-,
jugamos pegando nuestros cuerpos
con la humedad de sus fluidos
y el sudor.
Juga-mos,
bes-amos.
Ama-mos.
Arras-tramos
nuestros mundos paralelos
y enlazamos nuestros deseos.
Unimos,
penetramos.
Fuimos nuestros propios amos.
con la postura digna de un amo;
yo no dudé:
me transportaba lentamente
hacia tus espaldas,
sin que pudieras advertirlo
y así, como siempre,
revolver tu alborotado pelo verde.
¡Ay, si fuera Afrodita
conduciéndote al Edén de mi cuerpo,
ya te hubiera arrastrado cruelmente
del cabello
hasta esta morada fría donde reposo!
Fría, al menos ahora que no estuvimos ahí.
-Al menos que no estuve ahí,
calentando en cada paso que doy
los lugares donde transito-.
Estabas esperando de mi
el trato de una sierva a su rey;
sí, comenzaste a mandarme
para que masajeara tu cansada espalda
que había cargado mil lunas,
ciento de princesas,
algunas cuantas promesas,
tu amor por mi esclavitud
y tu todapoderosa forma de ser,
que se apoderaba de todas las dimensiones
de mi,
mi... lo que soy.
Mis manos no se cansaban de acariciar
tus hombros, tu cuello,
que cartografiaban cada músculo
que se liberaba de tanta presión cotidiana.
Y el goce,
el goce en tu sonrisa,
el placer desparramado en tu mirada
y en tu boca que balbuceaba
mi nombre,
mis ojos que te observan,
mi cuerpo próximo.
Mi rey,
mi amo,
mi gobierno
se volvió así
lentamente,
dulcemente,
deliciosamente
en mi esclavo.
Ya sometidos a la lujuria,
-o tal vez ella nos sometió-,
jugamos pegando nuestros cuerpos
con la humedad de sus fluidos
y el sudor.
Juga-mos,
bes-amos.
Ama-mos.
Arras-tramos
nuestros mundos paralelos
y enlazamos nuestros deseos.
Unimos,
penetramos.
Fuimos nuestros propios amos.
sábado, 12 de mayo de 2012
Te conoci
Las
rupturas epistemológicas que hice sobre todas mis creencias comenzaron el día
que nos conocimos y me preguntaste por ellas. Estabas ahí de casualidad, en
aquella librería de la esquina, donde acuden todos estos intelectualoides,
snobs y literatos a tomar café y a leer devocionalmente algún libro de autores
renombrados, sólo para fingir que ellos conocen de “Cien años de soledad”, que
jugaron a la “Rayuela”, que se sorprendieron con “El Libro de los seres
imaginarios”, que se excitan con “Otros poemas”.
Estabas ahí
espiando los estantes y renegando por ver plagada la tienda con tanto libro de
autoayuda. Los espíritus parecen no saber hallarse entre los cambios
vertiginosos de la sociedad y buscan soluciones rápidas a sus problemas, y
caminos para ser felices. Pero, en definitiva, ¿qué es la felicidad? ¿Existe en
realidad? ¿O es un concepto típico-ideal de una sociedad capitalista que
necesita algún motivo para seguir existiendo? Seguramente, así como ese ser que
todos adoran y llaman Dios, la felicidad es un algo superior que existe pero
nadie sabe muy bien cómo alcanzarlo. Seguramente, es un invento más del mercado
capitalista para devorarnos unos a otros y lograr así, los tan ansiados
objetivos.
Me miraste,
te miré, nos miramos. Rápidamente me reí (porque confieso que son esos momentos
incómodos o importantes los que suelo arruinar con mi risa) y me disculpé por
la situación pese a que no había nada realmente qué disculpar. Yo sentía que
sí, que me correspondía disculparme, me reí en su cara (sí, me reí en su cara,
me quería matar…). Pero eras políticamente correcto al decirme “no hay problema”,
y luego mirar los libros que andaba husmeando para encontrar algún motivo para
acercarte. Me miraste y me miraste mientras me preguntabas que autor u obra
buscaba ahí, entre los hombres y mujeres de poesía. “Buscaba al buen Walt
Whitman, en su lengua original”, te dije. Pocas personas me intimidaron tanto
con su mirada como vos, esa mirada teñida de pasto, de cielo, de tierra. Te sorprendía
que buscara un poemario en lengua original habiendo tantas traducciones, pero
insistía en decirte: “ahí no puedo encontrar el corazón del autor, ni la mano
que imprime esas letras, que articulan esas palabras, que enlazan esos versos,
que se pegan a estrofas, que besan mis ojos, que son melodía a mis oídos”. Sonreíste.
No había nada más hermoso que tu sonrisa. Si en ese momento fui feliz quiere
decir que conocí, al menos por un rato, la felicidad (o al menos algo similar a
ella, eso que te obligan a creer que es una aspiración por la que estamos
condenados a trabajar y sufrir para que al final de nuestros días, como una
falsa conciencia, pensemos que la hemos alcanzado; también así alcanzamos a ese
dios, al final de los días, cuando no somos más que carne podrida, gusanos y fluidos
bajo tierra).
Te conocí
esa tarde de mayo que nos invitaba a la noche. Hasta ese momento, no había
encontrado a Whitman:
“Behold this swarthy face, these
gray eyes,
this beard, the white wool
unclipt upon my neck.
My brown hands and the silent
manner of me without charm;
Yet comes one a Manhattanese and
ever at parting kisses me lightly on the lips
with robust love,
and I on the crossing of the
street or on the ship's deck give a kiss in return.”
Era este rostro moreno el que
gesticulaba encanto con cada palabra tuya. Creo que ese encanto, similar a un
enamoramiento taciturno en este otoño, me hacía sentir más boba que de
costumbre. Habías provocado una ruptura en mí con todo aquello que creía… La
moral se fue a pasear por Marte. Me habías revelado cada una de mis
perversiones tras palabra que enunciaba, casi como desnudándome en el lenguaje
(sí, tengo mis perversiones, nadie es santo de devoción, ni siquiera ese
muchacho que se llama Jesús y es carpintero). Habías descubierto el método para
abordarme en todas las dimensiones de mí, conmigo, sin mí, para mí y por mí.
Más adentrada la noche, nos
reímos de la Moral en la cama. Si mi cama contara que ya te había soñado antes
de conocerte… Que ya había teñido tu piel blanca de mi piel morena, que ya te
había bebido despacio, que te había sangrado, que te había lamido, que te había
besado, que te había rasgado; y que vos, como esta noche, me quiebras, me
desbordas, me armas, me inventas y me desarmas. Y recuerdo al buen Walt
diciendo:
“Sex contains all, bodies, souls,
meanings, proofs, purities,
delicacies, results, promulgations,
songs, commands, health, pride,
the maternal mystery, the seminal milk,
all hopes, benefactions,
bestowals, all the passions, loves, beauties, delights of the earth,
all the governments, judges,
gods, follow'd persons of the earth,
these are contain'd in sex as
parts of itself and justifications of itself.”
martes, 8 de mayo de 2012
Esa noche
Una noche nos encontramos a tomar unas cervezas, como lo
hacíamos todas las semanas. Fuimos al lugar de siempre, llenos de conchetos y
conchetas que desfilaban en pasarela para encontrarse con sus amigos y amigas
ahí. No trataba de ser snob (sí, "snob" o "esnob", era más
fácil decir "careta"), sino que me gustaba pasar tiempo con vos,
aunque como mina, no me hubieras dado ni cinco minutos de tu tiempo.
Como amigos nos entendíamos re bien, siempre. Siempre fui
con él buena amiga, y siempre, supe separar la amistad de mi calentura, porque
era cierto que el Flaco estaba muy bueno. Me podía hasta embobarme con sus
pelotudeces... Ay, Flaco... te doy (menos mal que eso es algo que siempre
susurro entre mis dientes...)
No creo que lo hayas percibido alguna vez porque siempre te
silban pajaritos en la cabeza, estás en otra, y aunque me mires así... bueno,
yo sabía que me mirabas con la ternura con la que siempre me miraste y me
dirás: "amiga, pasa tal cosa..." y pufff, se desvanecieron todas mis
nubes de pedos rosa que se elevaba alrededor mío... "¡Mierda, qué
boluda!", pensaré mientras acaricias mi mano con cariño.
Y bueno, hablamos. Hablamos como siempre, hablamos de todo y
el tiempo se hace corto como siempre... Maldito tiempo, deberías tener más de
24 horas. La noche se adentraba más, es tiempo de partir. "¡Ay, flaco!
Cómo me cuesta dejarte cada vez que te veo... pero tengo que partir, porque de seguro,
mañana tendrás compromisos como siempre". Pero la noche, esa noche, fue
muy extraña. Por primera vez me pediste que me quedara, que hiciéramos alguna
otra cosa, que saliéramos a pasear, por ahí, sin rumbo. No necesité pensar
mucho... dije "sí". Esa noche... ¿qué te habrá pasado? Creo que ya
habíamos bebido unas cinco o seis cervezas entre los dos y no hacíamos más que
chocarnos y hablar boludeces... el aliento etílico era notable, sí...
llevábamos ese elixir de malta o cebada disperso por todo el cuerpo.
No faltó mucho para que me abrazaras... ¡Vaya! Si supieras
que entre tus brazos siempre desfallezco... No me soltabas y yo quería morir
entre tus brazos, oliendo tu cuello, apretando tu cuerpo; no me quería perder
nada de vos, en medio de un bello silencio que mediaba entre los dos. Tan sólo
sentíamos el corazón apretado al otro y el latir de los dos.
¡Ay, flaco! Cómo deseaba el aliento etílico de tu boca...
cómo deseaba tus manos cartografiando cada región de mi cuerpo, husmeando en
cada lunar que tengo, hurgando en cada imperfección en mis valles y
fronteras... Vos lo sabías, sí... nos inundaba el deseo de la entrega. Qué
noche, esa noche.
viernes, 4 de mayo de 2012
Ellos en la profundidad
Él y su cuerpo, tan profundo.
Él y su boca, tan profundo.
Él y sus manos, tan profundo.
Ella, tan profunda.
Ella y la profundidad.
Él y Ella en la profundidad.
Ellos en la profundidad.
(¿Quién más que ellos este frío otoño?)
Nosotros en la profundidad,
dos locos,
la noche larga,
metamorfoseamos,
transferimos,
jugamos,
intercambiamos,
invadimos,
abrazamos,
ligamos,
manoseamos,
salivamos,
luchamos,
estiramos,
chupamos,
volteamos,
cogemos,
(nos cogimos)
acariciamos,
miramos,
(nos miramos)
dormimos,
soñamos,
(nos).
Nos y la profundidad,
y lo que ella señalaba...
Lo profundo ya... Indecible.
"La profundidad, cuanto más profunda, más indecible" - Alejandra Pizarnik.
Nos
Yo sabía que nos habían descubierto, lo sabía, sí... Klimt, ese muchacho curioso, pintó nuestro beso y nos delató ante el mundo (obvio, ganó mucho dinero al ser su pintura evidencia para el juicio que habían desatado en nuestra contra). Nosotros dos, desangelados, caídos, descubiertos en un gesto que desnuda nuestro todo, todo dentro... todo, al final, era nos.
Al muchacho que verde deambula mis palabras y las hace carne...
viernes, 27 de abril de 2012
Fetiche
Tal vez era el verde.
Tal vez era su mirada atónita,
expectante,
intentando sorprenderse
por los movimientos de ella,
que deambulaba desnuda
tras una frenética y apasionada noche larga.
Deseaba empañarla al acercar su nariz
sobre su piel fría,
así como empaña sus lentes
al acercarse a deleitar el aroma de un mate caliente.
Pero necesitaba irse más allá de si,
para contenerse a la idea
de volver a arrinconarla a la pared,
presionar sus glúteos,
besar su cuello,
su boca,
morderla toda,
lamer sus orificios,
y penetrarla…
Extasiarse de gemidos recíprocos;
luego de ponerla de espaldas,
besarla de arriba hacia abajo,
arañarla como gato,
tirar de su pelo,
y exprimir sus dos tetas
que apoyaban en esa fría pared
que la noche anterior los vió hacer lo mismo
y un poco más....
(Tal vez ella fue su fetiche favorito,
al menos en ese momento…)
Qué frío viernes
que ella eligió para contemplarle
refugiarse en Cortázar
mientras bebía unos cuantos vasos
de licor de chocolate,
y recuperaba las fuerzas
que el sexo le había quitado.
Vos la preferiste maleable,
necesitabas su silencio
anidado de estrellas
(porque ella siempre brillaba),
mientras todavía los dos olían a sexo.
Ella deliraba en teñir tu pelo de verde,
y combinarte con ese par de muchas botellas
de cervezas alemanas
que bebieron placenteramente
la noche anterior.
(Seguía estando húmedo alrededor,
mientras ella lo observaba…)
Lo cierto es que todos
parimos en nuestros adentros un gollum;
todos somos fetichistas,
adorando eso que tocamos
o no podemos tocar.
Así a ella le obsesionaba el verde,
la navaja,
el rojo,
la sangre,
la humedad,
la muerte…
Más tus iniciales que se tatuó en la piel.
Sus bienes preciados, los de ella,
los mismos de él
(tal vez)
más ella,
Cortázar,
su Bicho,
Justine y Sade,
más ella otra vez.
miércoles, 25 de abril de 2012
Gris
Me gustaría acompañarte mejor en esos momentos
en los que te tiñes de gris.
Se tiñe hasta tu mirada clara
volviéndose tan oscura como la mía
mientras te observo desgarrándote el cuero
en tu autoflagelación que se sirve a una noche fría.
Observo, nuevamente, las llagas que exhibes
calándote hondo en el cuerpo,
mientras la sangre te brota
y te hechas sobre la sal reposando en el suelo
para que el dolor se sienta hasta los dientes.
Traes un aire monocromático mientras andas.
Sólo el rojo de ese fluido que te recorre
por todo el cuerpo,
continúa regándose sobre el suelo
al usar el filo de esa navaja
fría que se convierte
eso que llamamos "amor".
Y me gustaría intervenir en tu dolor.
Apretar tus heridas,
meter el dedo en tus llagas,
escarbar dentro de ellas...
Abrir más tus heridas
(hasta tus cicatrices),
hurgar en ellas;
mojarme con tu sangre...
Y así chuparía las lesiones
dérmicas,
intelectuales,
de tu alma,
de tu corazón...
Dejame estirar
de las lonjas de tu piel
y quitarte
eso que ya no sirve.
Dejame lamer el torrente sanguíneo
que te recorre;
beberte...
Y devolverte
en una mordida,
en esa transfusión de fluidos,
eso que vuelve a pintarte de colores.
en los que te tiñes de gris.
Se tiñe hasta tu mirada clara
volviéndose tan oscura como la mía
mientras te observo desgarrándote el cuero
en tu autoflagelación que se sirve a una noche fría.
Observo, nuevamente, las llagas que exhibes
calándote hondo en el cuerpo,
mientras la sangre te brota
y te hechas sobre la sal reposando en el suelo
para que el dolor se sienta hasta los dientes.
Traes un aire monocromático mientras andas.
Sólo el rojo de ese fluido que te recorre
por todo el cuerpo,
continúa regándose sobre el suelo
al usar el filo de esa navaja
fría que se convierte
eso que llamamos "amor".
Y me gustaría intervenir en tu dolor.
Apretar tus heridas,
meter el dedo en tus llagas,
escarbar dentro de ellas...
Abrir más tus heridas
(hasta tus cicatrices),
hurgar en ellas;
mojarme con tu sangre...
Y así chuparía las lesiones
dérmicas,
intelectuales,
de tu alma,
de tu corazón...
Dejame estirar
de las lonjas de tu piel
y quitarte
eso que ya no sirve.
Dejame lamer el torrente sanguíneo
que te recorre;
beberte...
Y devolverte
en una mordida,
en esa transfusión de fluidos,
eso que vuelve a pintarte de colores.
lunes, 23 de abril de 2012
Me seduces
No, mi amor, no.
Me seduce cada palabra,
gesto,
movimiento tuyo
casi como si fueras Nosferatu tratando de succionar
cada gota de mi sangre.
En el fondo, escuchamos Björk,
(degustamos “al lis full of love”)
mientras posamos la mirada intensa en el otro,
y yo bordeaba con mi dedo
ese filo de porcelana blanca
de esta vacía taza de café.
(Porque así bordeaba tu boca
deseosa de los besos que quería robar.)
Me seduces.
Me invitas a explorarte en cada paso.
Entramos en trance,
(como en trance, fuimos zombies
buscando cerebros y un corazón en un desdichado cuerpo)
nos balbuceamos amor,
escupimos deseos.
(Tu cuerpo se movía inquieto,
intentaba decirme tanto…)
Me seduces,
hasta con el lenguaje sutil de tu cuerpo
que me invita devorarlo con la mirada atenta
a toda tu forma;
que me invita a desnudarte
en cada roce;
que me invita a tocarte
cada vez que miro tus manos…
Tus manos,
transparentes, suaves, tersas;
tus manos con dedos largos, finos…
En tus manos sos creador
de estos deseos míos…
De ese par de manos que desean excarvar,
explorar, bordear, pulir, hurgar,
extraviar, transitar cada centímetro de mí…
(Desfallezco si me tocas,
me hipnotizo a tu mirada tibia en este frío abril…)
viernes, 20 de abril de 2012
Pensando en...
Dibujar las líneas de tu boca, pintar hasta el relleno de carne roja de esos labios rosados, matizar todos sus bordes, resaltar su brillo, enfatizar lo suficiente hasta expresar sus cortes y su suavidad... Después no basta besarla, lamerla... hay que morderla y dejar salir la saliva, dejar que sangre con cada beso... ser vampiros en cada tráfico de fluido, invasores en territorios húmedos que se dejan penetrar...
Hoy siento como si respiraras mis palabras
Hoy siento como si respiraras mis palabras.
Estabas ausente en el tiempo y el espacio
mientras despertaste soñando conmigo.
Abriste los ojos preguntando si mañana
sufriremos el mismo invierno despacio,
si nuestras bocas encontrarán el fuego
en los feroces domingos,
si lograremos desangrarnos.
Y la luna de plata te alumbraba en aquella esquina
donde aguardaban versos olvidados,
las sombras de fantasmas vengadores,
y algún villano payaso refugiado
en la negra huella de tu silueta.
Esas madrugadas que se fueron deprisa,
mientras cogíamos llamando a Cupido
apostando a si nos enamorábamos el uno del otro,
o bien nos atrincherábamos en el sexo desenfrenado,
penetrándonos hasta el alma,
humedeciéndonos el corazón.
Habías respirado mis palabras desde mi boca,
desgarrado mi carne como caníbal;
nos devoramos,
nos devoramos en palabras;
nos devoramos en miradas;
nos devoramos en gemidos;
nos devoramos con las manos;
nos devoramos el estómago;
nos devoramos el corazón;
nos devoramos las córneas;
nos devoramos las tripas;
nos devoramos el sexo…
¿Despertamos en la mañana
o dejamos que la noche dure una eternidad?
O le pedimos a Burns robarnos el sol
sobre esta impía y lúgubre ciudad
así nos encadenamos a la cama,
nos confundimos la piel,
las escamas,
el sudor,
la saliva,
el calor,
las encías,
las pestañas,
la música de nuestro goce…
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