lunes, 29 de octubre de 2012

Cigarrillos

Él de vez en cuando encendía un cigarrillo, de esos de etiqueta blanca y roja. Creo que nunca hubiera sabido de su gusto por el tabaco encendido si no fuera que justo ese día que lo vi, temblaba de nervios por vaya uno a saber qué cosa. Y particularmente fumaba cuando más temor sentía por esas cosas que él supone que yo no conozco, de las cuales él se cansó de revelarme en el día a día, cuando nos tocaba las confesiones trasnochadas, con una palabra en apariencia inocente o con sus silencios tan poco maduros e injustos, pero muy de él. Aun así, creo que sabe que lo amo. Y es que lo amo putamente. Por eso vacila... y hay silencio. Y también hay distancia. Tal vez por eso ya lleva fumado medio paquete de diez cigarrillos de la marca M.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ya no escuchas más

Ya no escuchas más
mis palabras oscuras al oído
porque te quedaste sordo;
ni disfrutas de mis palabras
en la poesía que te regalé cada noche
porque te quedaste ciego;
ni sientes más mis abrazos
porque te volviste más verde,
transparente,
invisible
y distante de mi.
Mago musgo...
Cómo te extraño
arrinconado en mis brazos
y nuestras charlas
en diálogo esquizofrénico,
en música suave
envueltos en luz tenue
esas noches que fuimos poesía
y me escuchabas,
me mirabas
y me sentías
hasta el sexto sentido.

jueves, 25 de octubre de 2012

Mago musgo

Amaba eso perfecto que eras... eso que ya no sos ni volverás a ser. Seguir enamorada de lo que no sos es como seguir manteniendo la esperanza de que vuelvas a ser lo que fuiste alguna vez. Y así... que difícil arrancarte de mi, mago musgo...
Éramos tan perfectos, los dos sin dos, ya imperfectos.

Elliot

Soy ese único ser que te piensa en el interior de tus múltiples dimensiones y sobre la superficie de todas tus regiones. Y me pasan mil cosas. Me atraviesan la carne mil sensaciones...
Cómo odio verte feliz... y no en mis brazos. Dicen que él me quiere por esos lares... dicen... Él no me llamó aun (no me llamaste). Y te pienso, te pienso todo.
Toda palabra está cargada de vos. Todo es vos en los rincones... todo es verde y es rojo por donde miro, se tiñe de vos. Todo habla de vos, mis canciones, mi teléfono que suena cada vez que lo miro, el ruido de la calle, el motor del auto que paró en la esquina de mi casa; y te encuentro en el aroma del rosal pálido que perfuma mi paso cuando camino todos los días por la vereda de ese vecino que no conozco... Y todo sos vos, fuera, dentro y más adentro, en las entrañas, en lo que ya no se ve, en la sangre... eso que atraviesa, alegra, duele, se encarna, parasita simbiótico, vomita, come, fertiliza...
Entonces, me senté a escribir sobre vos, como siempre. Escribí:

"Mañana será otro día", decía ella en esa mezcolanza de esperanza y resignación. Ella que con mirada triste miraba el techo recostada en su cama pensando en él y preguntándose si tal vez él la recuerda de vez en cuando... él que se volvió parte de ella misma, una parte que se va apagando y que sobrevive en algún rincón de su ser; y sobrevive siempre que esa llama débil se inflama más con el alcohol que consume cada noche brindando por él y pidiéndole a las sombras que su alma no pudo iluminar para que borren su recuerdo. Ella se fue a perder con Elliot en algún bar, en el medioambiente etílico en el que se inundaba su corazón.

Una escena corta

Una escena corta, al pasar,
y aparece al fin ella;
no es más que una actriz de reparto
que no pudo decirle el Director que no
pero que tampoco fue consagrada por un sí.
Apareció al último,
como siempre,
porque tuvo suerte,
una suerte efímera
y mediocre,
como la suerte misma...

(La última y menos deseada elección del casting...)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Insecto

I

Era la estrechez frágil de su cuerpo flaco y de brazos fuertes lo que tanto me gustaba de ese diminuto insecto picudo. Era la grandeza de sus ojos rasgados, o más bien, su verde brillo el que me iluminaba y retenía con cada mirada interminable que me proponía siempre que nos sentábamos de frente y siempre que frente a los demás dejamos parén-tesis (paréntesis) entendiendo qué palabra diría el otro
y qué palabra no dejamos pronunciar (los insectos susurran al oído... hay que saber escuchar de vez en cuando). Vos, insecto frágil, te entregabas a mi aun sabiendo que de todas esas veces que viniste a mí pude aplastarte y aniquilarte entre mis manos; pero mi humanidad convenientemente alienígena no podía hacer más que acariciarte, admirarte un buen rato y dejarte ir de nuevo. Entonces, despliegas tus alas y te vas. Siempre te vas.
Algún día regresas.
Tal vez ya no seas un insecto picudo.
Tal vez seas mariposa.
Un perro.
Sos un insecto con alma de perro.
Y siempre que te vas, regresas.
Y así sucesivamente.


II
Y nos habíamos escrito un par de veces con él... Parecían que las palabras se acomodaban y complementaban bastante bien, porque se generaban verdaderas unidades de significado. Manejamos el lenguaje a nuestro antojo, un lenguaje que en apariencia no buscaba nada de amor. Si bien encontramos a la pasión como cómplice y aliada fiel, el amor no se hacía esperar, pero se acordaba tras bambalinas de este teatro de máscaras en el que nos han sumergido.
Él usó su máscara de insecto y le crecieron alas. Qué rápido obtiene aquello que le hace escapar lejos de mí...


III
Había esmaltado con verde mis uñas y no hacía más que pensar en tus ojos...
Mientras así te pienso, me ahoga la nostalgia de recordarme reflejada toda vez en ellos.
¿Cuándo volverás para volverte a ir?
No sos más que un insecto con alma de perro.
Un perro verde con alas.