Desfilan las muecas incómodas
de los pájaros heridos de amor.
Intentaron desplumarlos,
sin embargo, siguen en vuelo,
intentando no olvidarse
que sólo saben volar
debajo del cielo y en él
-ellos siempre estarán en el cielo
para estos simples y pequeños terrestres que somos-.
Planean, aletean,
abren sus picos sedientos de besos
y colmados de recuerdos y deseos de amor.
Vuelven los hondazos,
los perdigones de los bípedos seres
que esperan su inexorable caída al abismo.
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