jueves, 25 de octubre de 2012

Elliot

Soy ese único ser que te piensa en el interior de tus múltiples dimensiones y sobre la superficie de todas tus regiones. Y me pasan mil cosas. Me atraviesan la carne mil sensaciones...
Cómo odio verte feliz... y no en mis brazos. Dicen que él me quiere por esos lares... dicen... Él no me llamó aun (no me llamaste). Y te pienso, te pienso todo.
Toda palabra está cargada de vos. Todo es vos en los rincones... todo es verde y es rojo por donde miro, se tiñe de vos. Todo habla de vos, mis canciones, mi teléfono que suena cada vez que lo miro, el ruido de la calle, el motor del auto que paró en la esquina de mi casa; y te encuentro en el aroma del rosal pálido que perfuma mi paso cuando camino todos los días por la vereda de ese vecino que no conozco... Y todo sos vos, fuera, dentro y más adentro, en las entrañas, en lo que ya no se ve, en la sangre... eso que atraviesa, alegra, duele, se encarna, parasita simbiótico, vomita, come, fertiliza...
Entonces, me senté a escribir sobre vos, como siempre. Escribí:

"Mañana será otro día", decía ella en esa mezcolanza de esperanza y resignación. Ella que con mirada triste miraba el techo recostada en su cama pensando en él y preguntándose si tal vez él la recuerda de vez en cuando... él que se volvió parte de ella misma, una parte que se va apagando y que sobrevive en algún rincón de su ser; y sobrevive siempre que esa llama débil se inflama más con el alcohol que consume cada noche brindando por él y pidiéndole a las sombras que su alma no pudo iluminar para que borren su recuerdo. Ella se fue a perder con Elliot en algún bar, en el medioambiente etílico en el que se inundaba su corazón.

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