lunes, 29 de octubre de 2012

Cigarrillos

Él de vez en cuando encendía un cigarrillo, de esos de etiqueta blanca y roja. Creo que nunca hubiera sabido de su gusto por el tabaco encendido si no fuera que justo ese día que lo vi, temblaba de nervios por vaya uno a saber qué cosa. Y particularmente fumaba cuando más temor sentía por esas cosas que él supone que yo no conozco, de las cuales él se cansó de revelarme en el día a día, cuando nos tocaba las confesiones trasnochadas, con una palabra en apariencia inocente o con sus silencios tan poco maduros e injustos, pero muy de él. Aun así, creo que sabe que lo amo. Y es que lo amo putamente. Por eso vacila... y hay silencio. Y también hay distancia. Tal vez por eso ya lleva fumado medio paquete de diez cigarrillos de la marca M.

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