sábado, 26 de mayo de 2012

Era la salvaje complicidad

Era la salvaje complicidad
de cada mirada jugando en parpadeos
cada vez más lentos...
Nada quería perderme del centro de tu iris
y ese musgo de tu pupila,
nada de tu sonrisa,
nada.
Quería reflejarme una vez más,
tras esos cristales;
y sobre ese espejo mío
(ese espejo mío que sos vos,
mágicamente vos),
en el que observo
tanto mis superficies
como mis adentros:
los órganos,
las visceras,
la carne,
los nervios,
las venas,
la sangre,
que hurgo, toqueteo
en esas dimensiones que no
conocí de mí,
así como me introduzco
de vez en cuando en vos
y me encuentro
nuevamente conmigo.

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