martes, 22 de mayo de 2012

RaeYoo se había enamorado


RaeYoo se había enamorado. 
Enamorarse... en-amor-arse (rima con matarse -mat-arse-). 
Ella estaba resignada a creer en el amor, hasta que este hizo de las suyas y decidió, una vez más, robarle el corazón y hacerlo pedazos. Se había enamorado, había amado a aquel muchacho al que frecuentaba sin darse cuenta. Ingenua.
Aun sabiendo que posiblemente no sería correspondida, siguió amando y a medida que amaba, seguía sangrando su corazón hemorragias incurables... él no la amaba, y en el fondo, bien ella sabía que su amor era sólo propio, porque amor es cosa que se hace de a dos. Él tal vez no entendía tanto de esto...
Sin vinculo-amor entre ellos se entregaban los cuerpos, las almas, los fluidos como si fueran el todo para el uno. Terminaban siendo noches interminables donde ellos eran uno, donde se necesitaban. Eran uno. El problema de RaeYoo era sentir que eso podría lograr que su amor le correspondiera... pero era algo tan difícil como ver pasar a un dragón rojo por el cielo atormentado que estaban sufriendo.
¿La quería? Seguramente sí. ¿La amaba? Ese amor pertenecía a otro templo (ese cuerpo de mujer que él se había entregado y amado constantemente). RaeYoo arrasaba sobre él pero no lograba penetrar los cimientos de ese templo y arrastrarlo lejos del amor del muchacho. Una vez más, no le quedaba otra cosa a esta niña que resignarse a conquistar a quien no quiso amar. Tomó un cuchillo, se lo clavó a la izquierda de su pecho que estallaba... Con la sangre cayendo por su cuerpo, siguió abriendo su pecho, cortó algunas venas, algunas arterias... abrió su pecho como flor y arrancó su corazón... A duras penas, cosió todo para ya no sangrar... el motor de vida no le hacía falta. Se retiró del mundo y llevó a enterrar en tierra sagrada su corazón enamorado, a la espera -ingenua, como siempre- de que él algún día vuelva a reclamarlo.


En Seoul, estaba observando al muchacho alejarse y secarse como hoja en otoño.

No hay comentarios: