domingo, 19 de agosto de 2012

Cuando conocí a Héctor

Terminaba noviembre y hacía frío en la city porteña. Iba a visitar a unos amigos-compañeros de socio en la Facu. Llego a Sociales de MT y al pasar al bar, llego al estacionamiento recuperado, y me encuentro con uno de mis amigos y con Héctor, ambos tomando una birra de marca brasileña casi como pintados sobre un cuadro. Me presento; nos presentan con este señor mayor, de aspecto andrajoso, que compartía la birra en ese momento dejando su mate sobre la mesa.
Hablamos un poco, me preguntó de donde era. Y él hablaba y hablaba casi abstraído pero con certezas que en su mezcla de libros y conocimiento-de-la-vida, mostraban que Héctor no hablaba por hablar, ni era locura... era un saber tan acabado (y lleno de preguntas) que compartía con nosotros, aunque parecían puros delirios. Y como buen anfitrión, se levantó de la mesa... improvisada mesa, que no era más que un carretel donde se enrollan cables que funcionaba perfectamente
como ella, y se dirigió a hablar con otros estudiantes en el estacionamiento.
Quedé pensando, mirando irse a Héctor y pregunto a mi amigo quien era. Me cuenta que él vivía allí en el estacionamiento hace mucho tiempo, y que nadie podría precisar desde cuando Héctor moraba en la Facultad de Sociales, ni de donde es, ni cuantos años tenía, ni porqué estaba allí. Al parecer, no era argentino -si mal no recuerdo, era uruguayo, o tal vez me equivoque-, que tenía esposa e hijos, que era un tipo muy culto -cosa que indicaba que pasó por la universidad o muchos libros- y que llegó a vivir allí vaya a saber porqué razones...
Esperaba nuevamente este año visitar Sociales y tal vez compartir junto a mis amigos y Héctor, otra vez una birra sumada a una charla interesante. El destino es a veces boicotero y me obliga a quedarme con este recuerdo... Invierno, te llevaste a Héctor, a quien recuerdo en estas líneas.

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