No podía ser un viernes más gris.
Justo pensaba vos, mientras leía poesía
harta de tanto texto científico
acumulado en los 30 libros que me tragué todo este tiempo,
más los 100 papers de extraños que me dicen
un poco más de lo que ya sabía.
Pensaba en vos, mientras leía Cortázar
y escuchaba el saludo del maneki neko en la otra habitación
(había que saludar a la suerte de vez en cuando)
hasta que
los gritos violentos de los gatos
me hicieron salir de mi reposo y buscarte en mi patio.
Caminé al verde del pasto,
te llamé varias veces
y te sentí allí, al fondo,
en el azahar de las flores del naranjo
junto a varios 'objetos perdidos'.
¿Tenía que encontrarte al fondo,
sentir a Julio que me decía:
"Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo"?
Más el gris, el verde, el azahar
inundándome los pulmones,
llenando mi retina
y el impulso a llegar al naranjo
y acercar mi nariz a las flores
a pesar de esta alergia
que no me deja oler nada,
pero que me dejaba olerte a vos
escondido entre el blanco de esas pequeñas esclavas del tallo.
Y tenías que estar al fondo,
en "todo eso es tan poco (y que)
yo lo quiero de vos porque te quiero",
porque siempre te quise,
porque descubrí que
misteriosamente estabas allí para mi.
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