Te propuse jugar otra vez
y te llevé al sofá a recostarnos;
yo debajo,
vos encima y de espaldas a mi pecho
para que los dos podamos apreciar
la misma perspectiva.
Tus ojos verdes,
tu pelo verde que enriedo
entre mis dedos
(siempre juego con tu largo pelo),
y los dos mirando al techo,
uniendo puntos imaginarios,
formando figuras de cosas insospechadas,
jugando...
Los dos jugando
a ser héroes de acción
de alguna ciudad imaginaria;
los dos jugando
y salvándonos.
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