Aun temiendo a esta manía cartesiana,
-hermana duda, diría Drexler-,
reclamé tus abrazos
con gritos desgarradores
a esta fría noche estrellada.
Necesitaba abrazarme al calor
de tus brazos envolviéndome;
dar cuerda a mi corazón
con tus latidos
cuando nuestros pechos se aprietan
para sentirse
y pegarse
hasta integrar nuestras pieles
en un claroscuro perfecto.
Buscaba tus brazos
para que me dieran equilibrio
en esos momentos que siento
que me caigo
o me balanceo cual péndulo
que amaga su cara al suelo.
Buscaba llorar o reír
sin importar el motivo,
sabiendo que tu voz calmaría
o acompañaría mis momentos.
Vos conoces las palabras precisas
que necesito;
me desentrañas como a la trama misteriosa
de una compleja novela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario