lunes, 4 de junio de 2012

Es placentera la condena

Es placentera la condena
de recordar tu sonrisa,
los bordes de tu boca,
visualizar a medias tus blancos dientes
a veces manchados de tabaco.
Y espiar tu rosada lengua
con la cual luchamos
con cada beso,
ese músculo suave
con el que nos humedecemos
y llenamos de saliva
cada cavidad.
Porque miro tus labios
mientras hablas
y se mueven,
mientras me muerdo los labios
en la ilusión de apretar los tuyos,
también respirándonos,
intercambiándonos el aire
y la humedad.

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